Traductor

lunes, 7 de enero de 2013

Día 12, Capítulo 5


Capítulo 5
El Coro
C
omo lo habían pensado, esta vez el viaje tardó más. Tuvieron que hacer varias paradas para que los falsos invitados pudieran alimentarse y los caballos también. Además, cayó una gran tormenta que duró varios días haciendo imposible continuar el viaje con normalidad.
En algunas ocasiones Erik volvió a tener la incómoda sensación de que alguien lo miraba detenidamente, examinándolo de adentro hacia afuera; desde su pasado hasta su presente, incluso parecía mirar su futuro y según lo que Erik sentía; no iba a ser muy bueno.  Por otro lado, su herida ya se había cerrado por completo y, afortunadamente; no había pasado a mayores.
Durante el viaje John no se alimentó demasiado, quería esperar aquel día en que confirmaría si la sangre extranjera es tan deliciosa como lo ratificaba Damen. En las noches que pasaba con Erik cuando él estaba en vela, solía hablarle un poco acerca de su vida antes de viajar a Versalles. De alguna manera, la vida de John tiene cierto parecido con la de Erik. Ambos vivían en soledad, se refugiaban en las artes o en las habilidades que tenían, ninguno de los dos era muy bueno en cuestiones de pareja pero tampoco habían perdido la esperanza de encontrar una vida mejor. Aquellos dos meses sirvieron para conocer un poco más a John, pero no halló las respuestas que necesitaba.
Llegaron a Berlín en la noche del 20 de Abril. Todos se bajaron de sus carruajes y, antes de que Erik, Caroline, John y Joan planearan algo en secreto; decidieron buscar primero un hotel. Iban a tomarse un descanso antes de regresar a Versalles. Caminaron un poco por el centro de la ciudad hasta que encontraron uno. Era un edificio alto lleno de ventanas rectangulares absolutamente todas cubiertas con cortinas blancas. Erik pagó la estadía de todos con el dinero de Damen.
Los falsos invitados estaban emocionados. Mientras Caroline estaba ya en su habitación cambiando su vestido; los demás estaban hablando en el vestíbulo.
-Pensé que iríamos a Versalles.-dijo una de las jovencitas que, con aquel cambio de planes; se había asustado un poco.
-Tuvimos que hacerlo por un pequeño imprevisto. Utilizaremos lo que queda de esta noche y quizá mañana para invitar más personas. Antes de regresar a Versalles nos quedaremos aquí una semana o menos para tomarnos un descanso.-explicó John.
-¿Y eso no le molestará a Damen?-preguntó una joven mujer de aquel grupo.
-Por supuesto que no. Además, tendremos que viajar otros tres o cuatro meses de vuelta a Francia. Ustedes no se preocupen, todo lo tenemos perfectamente planeado.
-¿Y qué vamos hacer aquí?-preguntó un hombre.
-Iremos a una ópera. Empezará aproximadamente dentro de una hora.
En ese momento Caroline bajó usando un bello vestido de peto rojo, de mangas largas y el resto de color negro. Como accesorio se había puesto un hermoso sombrero ladeado de ala ancha decorado con dos plumas también negras. A ello se sumaba su curioso cabello largo, grisáceo y rizado. Ciertamente emanaba una gran belleza.
Salieron del hotel y se dirigieron al teatro que no estaba muy lejos de allí. Hicieron la fila para comprar las taquillas. Con lo restante del dinero Erik pagó sillas en un palco para Caroline, John, Joan y él; y para el resto de las personas pagó sillas en la zona general.
Una vez adentro, Erik se asombró con el lugar. Hace mucho tiempo no había entrado a un teatro y menos a presenciar una ópera en su propia ciudad. Era un teatro sumamente amplio y alto lleno de palcos en las paredes y sillas en la zona general. Las paredes y los asientos estaban tapizados de terciopelo rojo y el piso era de madera café brillante. La única luz que provenía era la que estaba en el escenario de las centenares velas en sus candelabros, así que no pudo detallar el techo puesto que parecía tener una pintura.  Se sentó en su silla en el palco junto con sus acompañantes, y la vista que obtenía desde allí era espléndida. No sólo podía ver muy bien cada esquina del escenario, sino también todo el público y todo el teatro en sí. Las personas seguían entrando y se acomodaban en sus respectivos asientos.
-¿Cómo vamos a invitar a las personas?-preguntó Caroline.
-Creo que esta vez tendré que hacer el trabajo yo solo.-respondió John.-Mientras la ópera se desarrolla yo bajaré e invitaré a las personas.
-¿Sabe hablar alemán?-preguntó Erik.
-Por supuesto que sé. Esta vez tendremos que llevar pocas personas porque ya no queda mucho espacio en el carruaje.
-Eso no importa. Las podemos llevar en nuestro carruaje. Además, si tratamos de llevar el mayor número de personas posible, quizá Damen nos permitirá omitir algún viaje.-apuntó Erik.
-Tiene razón. Es una buena idea.-dijo Caroline sonriendo por la astucia de él.
-Está bien. Trataré de invitar la mayor cantidad de gente que pueda.
-Glück!-dijo Erik.
-Danke.-respondió John y bajó.
Unos minutos más tarde, el teatro ya estaba completamente lleno. Un hombre gordo, de baja estatura y de bigote llamativo salió entre el telón e introdujo la presentación hablando en voz muy alta y animada.
-Buenas noches, damas y caballeros. Bienvenidos al estreno de la gran ópera Liebe Unter Schatten. Lamentablemente, no conocemos el prodigioso nombre de su autor; es una obra anónima. Pero estoy totalmente seguro de que su atmósfera dramática y al mismo tiempo llena de amor los va a encerrar con fuerza sin dejarlos escapar hasta que escuchen con atención la última nota. Su corazón latirá con fuerza mientras se seduce en cada una de las palabras tan finamente expresadas en esta obra gracias a unos fenomenales cantantes y artistas, los más grandes de Alemania. Estoy completamente seguro de que su vertiginoso y cambiante ritmo los encerrará deseando saber más de la pareja que atravesará tantas peripecias al estar confinados en un amor mal planeado por el destino. ¡Pero ya basta de palabras, que comience la función!-el hombre hizo una venia y todos aplaudieron su prometedora entrada mientras él desaparecía detrás del telón.
Segundos más tarde, se volvió a abrir dejando ver la grandiosa escena que consistía en la imitación de un ventanal gótico rodeado de hiedras, ramas retorcidas y hojas secas como de otoño. Asomada a aquel ventanal estaba la cantante, una mujer joven de cabello largo y liso, llevaba puesto un sencillo pero raído vestido blanco y tenía el maquillaje negro escurrido en sus mejillas como si hubiera estado llorando durante horas. Una música dramática, lenta y oscura inundó el teatro. La mujer tenía sus brazos cruzados en su pecho, como si estuviera aguantando un agudo dolor. Posteriormente empezó a cantar. Su voz soprano era impecable y profunda que erizó la piel de todos los oyentes. Ciertamente era una historia de amor pero trágica al mismo tiempo.
Sie können nicht akzeptieren unsere Liebe, oh! Sweet Ritter
Komm rette mich aus dieser Hölle
Meine Stimme sehnen deinen Kuss
Und empfagne meine Seele mit Lust

Cantaba la mujer con profundo sentimiento.
Aprovechando la oscuridad que había entre el público, John se levantó de su silla y bajó del palco mezclándose en el público de la zona general con tal habilidad que nadie en lo absoluto se percató de su presencia. Ni siquiera los demás invitados. Procedió a invitar a las personas hablándoles primero acerca de la ópera y luego si les gustaría escuchar una en Versalles. Poco a poco, fue convenciendo a las personas de que en dicha ciudad escucharían incluso una mejor.
Minutos más tarde, Erik ya estaba totalmente embelesado con la obra. La historia era tan dramática y tan llamativa que ya no podía quitarle los ojos de encima. Ahora en el escenario; la mujer había salido de detrás del ventanal y a la escena se habían unido tres hombres y tres mujeres que cantaban con fuerza el coro de la ópera como si estuvieran reprendiendo a la mujer.
Sie hätte nie gedacht, dass diese Frau ist was es ist
Ich hätte nie gedacht est
Die Zeichen standen vor euch alle
Aber liebe dich geblendet
Vergossenes Blut unschuldiger Menschen
Auf dem Mond sehen Sie es, aber die Liebe geblendet Sie
Öffnen Sie Ihre Augen

Sin saber por qué, sintió que le estaban hablando a él. Sintió que le estaban explicando algo y aunque la ópera estaba hablada en su propio idioma; no pudo comprender cuál era el mensaje escondido. El coro fue repetido una o dos veces más y sintió un repentino mareo que le pareció que se caía desde su palco. Su corazón y su respiración se agitaron.
¿Qué es lo que me quieren decir? Me voy a volver loco.
Involuntariamente miró a sus pies y ahí estaba la sombra con sus característicos ojos azules. Le rozaba los pies, las piernas y el miedo de Erik creció. La ópera siguió ejecutándose con normalidad pero ya no podía concentrarse en ella. Mientras tanto, Caroline y Joan estaban muy entretenidos. Ella sentía como si le estuvieran recordando ya una historia pasada y Joan simplemente era otro espectador. Erik respiró profundo tratando de calmar su corazón pero era imposible, parecía que iba a explotar dentro de su pecho. La sombra aún seguía allí revoloteándose a los pies de todos los que estaban sentados en el palco, subía y bajaba, flotó por encima de las cabezas de los oyentes hasta que se postró en una esquina del escenario como si estuviera tratando de decirle que prestara atención, pero él no podía hacerlo. Aunque la sombra estaba ya a muchos metros lejos de él, su presencia lo mareaba, le hacía mal, lo hacía caer en la peor de todas las sensaciones.
-Erik, ¿Se encuentra bien?-preguntó Caroline poniendo su mano sobre la de él. Su voz lo sorprendió y el contacto de su piel con la de ella lo quemó. Recibió una mala energía, la misma que desprendía John y Damen y todos los vampiros en general.
-Sí, estoy bien. Solo estoy un poco cansado.
-No se preocupe. Pronto acabará la ópera y podrá ir al hotel.
Erik asintió. Volvió a mirar al escenario y la sombra ya había desaparecido. La buscó entre el público, a los pies de los oyentes, en los palcos, en las esquinas del lugar y en todo lugar que sus ojos le permitieran revisar; pero ya no estaba. Sintió un poco de alivio, pero la impresión de que alguien lo miraba ya era imposible de hacer desaparecer y cada vez que en la ópera se cantaba la misma estrofa; el desconcierto y la confusión se apoderaban de su mente. Deseó regresar a Versalles pronto para encontrar respuestas rápidas.
En ese momento, John ya estaba sentado en su lugar.
-Logré convencer diez personas más, no fue nada fácil.-dijo John en voz baja.
-Gute Arbeit.-fue lo único que Erik pudo decir.
Transcurrió alrededor de una hora. No pudo volver a concentrarse en los siguientes actos de la ópera las constantes repeticiones de aquel extraño coro lo enfermaban. Finalmente la obra terminó. Los oyentes dejaron escapar un torrente de aplausos mientras todos los actores hacían venias desde el borde del escenario. Posteriormente, se levantaron de sus asientos y salieron lentamente del teatro. Una vez que estuvieron afuera, el frío aire de aquella noche golpeó con fuerza el rostro de Erik creando un brusco escalofrío en todo su cuerpo. No decía ni una sola palabra, no podía dejar de pensar en el extraño coro de la ópera. Regresaron al hotel y cada uno entró a su habitación excepto John. Salió a cazar para hacer realidad su sueño sangriento.
La habitación no era muy grande. Constaba de una cama sencilla, una pequeña mesa a un lado y una ventana rectangular. Erik se acercó a la ventana y la abrió. Como de costumbre, contempló por un momento el panorama de Berlín. Sintió como si estuviera en casa, estaba feliz de regresar a su ciudad por un momento aunque no sintió el mismo placer que cuando lo hacía anteriormente. Mientras miraba, volvió a sentir que alguien lo observaba desde algún punto de la ciudad. Involuntariamente miró hacia abajo, cerca de la entrada del hotel y efectivamente había un hombre que no le quitaba los ojos de encima. Lo observaba detenidamente no solo con maldad, sino también con curiosidad. Aquel era el mismo hombre que Caroline había visto en la cafetería de París, solo que Erik no lo sabía. No tenía la más remota idea de quién era él y porqué lo observaba tan detenidamente, pero no prestó más atención. Solamente cerró la ventana tratando de escapar de tan penetrante y frívola mirada.
Alguien golpeó la puerta. Era Caroline quien llevaba su libro en una mano. Traía en su cara una expresión de preocupación y además parecía que estuvo llorando.
-Señorita Boucher, ¿se encuentra bien?-preguntó Erik.
Caroline entró y se sentó en la cama dejando el libro a su lado.
-Erik, creo que cuando regresemos a Versalles tendremos que suspender los viajes.
-¿Por qué lo dice?
-Usted corre peligro. Tenemos que hablar seriamente con Damen al respecto.
-Caroline, no entiendo muy bien qué es lo que quiere decirme.
-Erik, usted se encuentra bajo amenaza. Hay alguien que lo busca.
-¿Por qué lo harían?
-No lo sé. Pero tiene que estar muy alerta. No puedo decirle más. Por favor, le pido que trate de no preocuparse, intentaré arreglar esto.
-Está bien. Si es así, sería mejor irnos de aquí mañana.
-Tiene razón, le diré a John.-Caroline se levantó y antes de irse abrazó con fuerza a Erik.
Por lo que él pudo sentir con aquella expresión fue que en realidad algo serio le iba a suceder.
¿Moriré? ¿Hay alguien que quiere matarme?
Y Caroline salió de la habitación. Ahora ya no estaba solo confundido sino asustado también. Desde el principio pensó que jamás debió haber salido de su hogar. Además, ¿era necesario que volviera a Versalles? ¿Por qué no podía quedarse encerrado en su casa y ya? Se dio cuenta y confirmó muy bien que Damen tenía un grandioso plan con él que no podía posponer ni mucho menos cancelar por lo que sí era necesario que regresara a Francia y algún día volvería a casa. Erik había aceptado una misión que ya no podía abortar.
Caroline había olvidado su libro. Éste quedó encima de la cama, pero Erik no fue a devolvérselo sino que lo ojeó. Lo abrió y luego de unas páginas en blanco había escrito un título con letra gótica que decía Vida Pasada, Amor Pasado. Un poco más abajo estaba el nombre del escritor escrito con la misma letra pero un poco más pequeño: Jean Schweitzer. Él era el escritor del libro. Ciertamente, ese era el libro del que John le había hablado hace meses. En ese instante, surgieron una cantidad de preguntas en la mente de Erik. ¿Cómo obtuvo Caroline aquel libro escrito por aquel hombre? ¿Quién era Jean Schweitzer? ¿Por qué John y Caroline saben de su existencia? ¿Por qué tenía Erik que conocer a Schweitzer? ¿Katelynn, su hermana; podría ayudarlo? Ese mar de pensamientos que inundaba su cabeza estaba más caudaloso que nunca, iba y venía conforme la fuerza del viento de otras preguntas que habitaban allí desde ya hace un tiempo.
Empezó a leer algunos párrafos de manera desordenada. Era una extensa novela que narraba una compleja historia de amor pero toda estaba escrita en pasado. La forma de escritura daba la sensación de que estaba basada en hechos reales. ¿Por qué era ese libro tan importante y privado para Caroline? Decidió que lo iba a leer completo siempre y cuando ella no se diera cuenta de que él lo tenía o que lo había perdido.
Dejó el texto encima de la mesa y volvió a abrir la ventana. Miró hacia abajo y el hombre desconocido que lo estaba mirando aún estaba ahí parado, pero estaba hablando con una mujer que Erik le pareció ya haber visto antes. Al parecer, el desconocido sintió su presencia a tantos metros de altura puesto que, de nuevo; volvió a fijar su mirada en el rostro de Erik.
¿Será esa la persona a la que Caroline se refería?

ef

domingo, 6 de enero de 2013

Día 11, Capítulo 4


Capítulo 4
La Misión
D
amen lo miró de arriba abajo detenidamente mientras Erik caminaba hacia el sofá. Se puso nervioso pero a pesar de que trataba de mostrarse tranquilo, Damen pudo sentir su miedo.
-¿Dónde estuvo hoy, señor Jügerhof?-preguntó Damen.
-Salí a desayunar con la señorita Caroline, caminamos un poco y luego me llevó con la pitonisa.
-¿Pitonisa? ¿Cree usted en la brujería?
-No. Pero visitarla me ayudó demasiado.
-¿A qué?
¿Debería decirlo?
-Me dijo quién fue el pintor del cuadro de Versalles que tiene usted.
-Y… ¿Para qué necesitaba saberlo?
-Porque la sombra que me ha estado siguiendo tiene exactamente los mismos ojos que están pintados en la obra.
Damen dibujó una leve sonrisa en sus labios.
-Bien, señor Jügerhof, bien. Veo que es una persona muy astuta y es exactamente por eso que lo he llamado. Pero también siento una energía diferente en usted. ¿Qué más hizo con Caroline?-preguntó Damen enviándole una mirada pícara con su sonrisa labial.
-¡Claro que no! Es solo una buena mujer.-respondió Erik.
Damen se quedó mirándolo como si dudara de su respuesta confundiendo los sentimientos de Erik aunque solo estaba bromeando. Entonces, lanzó una risotada.
-¡Sólo estoy jugando con usted!-Erik suspiró como tratando de soportar el humor de Damen.- Muy bien, este va a ser su trabajo. Últimamente los humanos se han estado dando cuenta de que nosotros estamos atacando a sus familias, nos alimentamos de ellos y todas esas cosas que usted ya conoce. Supongo que también ya notó que a mí y a mis vampiros nos cae muy bien la sangre… extranjera.-Erik asintió. Obviamente ya lo sabía.-Por lo tanto usted nos deberá traer personas de otras ciudades y hasta de otros países para que nosotros decidamos si convertirlas o asesinarlas.
-Quisiera hacer algunas preguntas. Primero, ¿era necesario llamarme desde tan lejos para hacer esto? y segundo, ¿me está diciendo que debo guiar a otros humanos a su propia muerte?
-El hecho de que lo llamara es que lo necesito a usted. Y no se preocupe por el destino de las personas. La vida humana es solo un tiempo limitado y qué importa si se acelera el curso de su muerte o si se extingue completamente. Usted solo haga su trabajo, le pagaré lo que desee. ¿Cuánto quiere?
-Creo que para fijar un precio debo saber a qué lugares tengo que ir, cuánto tardaré y el número de personas que tengo que traer.-respondió Erik con poco entusiasmo.
Damen tomó una hoja escrita que estaba sobre la pequeña pila de libros de la mesa de centro.
-Esta es la lista. Deberá traer máximo diez personas por cada ciudad.
Erik la leyó.
Francia:
§    París
§    Marsella
§    Mont-Saint-Michel
Italia:
§    Roma
§    Milán
§    Florencia
Alemania:
§    Berlín
§    Múnich
Reino Unido
§    Londres
§    York
-¿Iré solo?-preguntó Erik.
-No. John y la señorita Caroline lo acompañarán. Ahora, ¿tiene pensado cuanto quiere?
-Creo que lo más justo serán… 40 francos.
-Está bien. Cuando haya cumplido su trabajo, se los daré.
-¿Cuándo partiremos?
-Ahora mismo.
-¡¿Qué?!
-Así como lo oye, Jügerhof. No hay tiempo que perder. En el jardín está el carruaje donde viajará y uno adicional para las personas que va traer.
-¿Y John y Caroline ya lo saben?
-Por supuesto. John está listo para irse y la señorita Caroline viene en camino.-en ese instante, ella entró.-Aquí está. ¿Está lista para irse?-preguntó Damen dirigiéndose a ella.
-Sí, señor. Pero sugiero que empecemos mañana en la noche, estoy muy cansada.
-Pero yo estoy muy hambriento, señorita Boucher. En el viaje podrá dormir.
Caroline suspiró.
-Iré a empacar mis cosas.-dijo Erik y se dirigió a su habitación, extrañado de que Caroline no le hubiera dicho nada.
En el camino, en medio de las escaleras se encontró con Katelynn. Ella, al verlo; le mandó una malvada sonrisa labial y una mirada fulminante. Antes de que él llegara al pasillo, ella lo llamó.
-Señor Jügerhof.-dijo ella.
Erik se volvió y lo primero que vio fue sus llamativos ojos grises que adornaban muy bien su bello rostro blanco con el cabello largo, ondulado y café oscuro que lo bordeaba muy bien.
-Supe que va trabajar para Damen.-continuó ella.
-Sí, así es.
-¿Cree usted que va poder lidiar con todo lo que se le va a presentar de ahora en adelante?
-¿Cómo qué?
-No lo sé, pero siempre en todos los viajes hay contratiempos y le aseguro que estos no van a ser muy comunes.
-No entiendo con exactitud a qué se refiere, pero estoy dispuesto a hacer lo que tenga que hacer para cumplir las órdenes de Damen.
Katelynn sonrió.
-Ahora entiendo por qué lo escogió. Usted es un hombre de honor y de mucha valentía. Creo que Damen no tendrá motivos para arrepentirse de su elección.
-Eso espero, señorita Schweitzer.
-Buena suerte, señor Jügerhof. Y bienvenido al clan.-dijo Katelynn con una sonrisa y siguió su camino.
Esas últimas intranquilizaron a Erik. ¿Cómo iba a darle la bienvenida si ni siquiera hacía parte de ella? ¿Cómo iba a ser bienvenido si ya todos sus miembros intentaron matarlo?
Además, jamás seré uno de ellos. Haré mi trabajo y me iré.
En su habitación mientras guardaba un poco de ropa en su baúl, recordó lo que había averiguado gracias a la ayuda de la pitonisa. La confusión lo atrapó cuando pensó en que John, siendo humano en ese tiempo; pudo vivir tantos años hasta hace unos pocos días. ¿Cómo lo había logrado? Además, ¿Cómo conocía a Damen? También recordó su mandato: “pintar un cuadro que transmita la verdad a los descendientes” ¿Qué verdad? ¿Cuáles descendientes? Evidentemente tenía que buscar la manera de encontrar algo más sobre la vida de John.
-¿Está listo para irnos?-preguntó John precisamente, entrando a la habitación como si lo hubiera llamado con el pensamiento.
-No, no estoy listo.-Erik suspiró.-Estoy confundido. En tan poco tiempo siento que me han pasado muchas cosas.
-¿Por qué lo dice?
-John, quiero preguntarle algo. ¿Cómo es posible que usted haya podido vivir más de cien años?
-Creo que será mejor que eso lo sepa en…
-No, respóndame de inmediato.-lo atajó Erik.
-Está bien, pero para eso tiene que conocer primero a Jean Schweitzer, hermano de Katelynn. Yo no debería haberle dicho esto pero usted es testarudo. Ese hombre quiere hacerle algo y solo yo puedo ayudarlo. No adelante el curso de las cosas, Jügerhof. En el libro todo está escrito muy claramente y no hay duda que se va a cumplir.
-¿Qué libro?
-Ya se dará cuenta. El caso es que gracias a Jean, aun siendo humano yo; me dio la inmortalidad a través de otro método que no tiene nada que ver con el vampirismo. ¿Por qué? Porque yo tenía que esperar su venida, y todo lo que usted vivió en su juventud, era necesario que lo viviera para que cuando usted alcance el cambio de su vida, también pueda alcanzar la plena felicidad. Le aconsejo que se prepare tanto mental como físicamente. Ahora apresúrese, Caroline está esperando abajo.-y John salió de la habitación.
Increíble. Todo estaba perfectamente planeado. Tengo que averiguar, entonces, cuál es el plan que hay para mí.
Los criados estaban guardando los baúles de los tres en un carruaje mientras que Damen les hablaba en el jardín, listos para partir.
-Dentro del carruaje encontrarán una bolsa que contiene cien francos. Supongo que es el dinero suficiente para los viajes y los hospedajes. En caso de que les haga falta, infórmenme por medio de una carta. Manténgame al tanto de todo y de los planes que vayan a usar para traer a las personas. El resto del clan y yo organizaremos todo lo necesario para que los planes sean exitosos. Buena suerte.
Se despidieron y se subieron al carruaje.
-¡Cochero, a París!-gritó Damen desde afuera y emprendieron el viaje. Algunos de los demás vampiros miraban desde la puerta y las ventanas, asombrados del nuevo hombre que les daría alimento. Detrás del carruaje iba el otro que estaba atado al de Erik, John y Caroline. Ambos eran coches negros, finos y amplios halados por cuatro caballos.
Entre los baúles no solo llevaban ropa sino también comida suficiente para aquel viaje.
-Caroline, ¿no se siente extraña al saber que conduciremos personas a su propia muerte?-preguntó Erik.
-No, ya no. No es la primera vez que hago este tipo de trabajo. Hace unos años sucedió algo similar y yo tuve que encargarme de los viajes. Tuve que hacerlo sola y los lugares que visité fueron demasiados. Tardé casi dos o tres años en completarlos todos. Además, la muerte es algo muy natural. Todos los humanos debemos morir en algún momento, yo también moriré.
-Y, ¿sabe usted algo sobre Jean Schweitzer?
-Claro, es hermano de Katelynn. ¿Cómo sabe de él?
-No pudo esperar más.-intervino John.-Al menos ya sabe que persona es la que lo está esperando.
-Erik, si usted va a estar con nosotros en este viaje; tiene que aprender a ser paciente y a tranquilizarse. Sino créame que va a enloquecer.-dijo Caroline seriamente.
-Lo intentaré. Pero será difícil, llegan muchas cosas de una sola vez en muy poco tiempo y no encuentro el momento adecuado de pensarlas bien.
-Vaya acostumbrándose, Jügerhof. De ahora en adelante va a ser peor.-dijo John.
Esperaban que el viaje transcurriera sin problemas y que las únicas paradas que hicieran fueran para estirar las piernas y para que los caballos comieran algo.
Unas cuantas horas más tarde, Erik recordó la pequeña historia que había visto en la bola de cristal de Lauren.
-¿Qué significa la “verdad a los descendientes”?-preguntó Erik súbitamente.
-Señor Jügerhof, ya se lo he dicho muchas veces pero parece que usted no entiende. Espere un tiempo más, por favor le ruego que sea paciente. Solamente relájese. Concéntrese en los paisajes. ¿Alguna vez había viajado tan seguido por Europa?-respondió John asomando la cabeza por la ventana.
Erik lo ignoró.
Relajarse iba a ser difícil. ¿Cómo iba a poder relajarse con tantas preguntas en su cabeza? El viaje iba a ser largo y arduo. 
Pasó un mes. En la noche del 12 de Febrero llegaron a París, en el barrio Montmartre. Afortunadamente, el viaje transcurrió sin problemas excepto por el continuo desconcierto de Erik por todas sus dudas y aquellas noches en que la luna estaba completamente teñida de rojo, rojo sangre.
-Sucede muy pocas veces, pero significa que los vampiros están cazando y que se unirá algún nuevo vampiro al clan.-le explicó Caroline una noche.
Durante el viaje tuvieron que detenerse para alimentarse tanto los humanos como John, y los caballos también. Asimismo idearon el plan: le dirían a las personas que un hombre muy rico ha llegado a Versalles y ha comprado una nueva propiedad donde ha organizado una masiva celebración queriendo así que todos los habitantes de Francia lo conozcan para hacer realidad sus sueños, tener fama y riqueza. Simplemente tenían que buscar personas que parecieran ser de la misma forma de aquel hombre ficticio: avaras y ambiciosas. Por eso, habían decidido arribar en uno de los mejores barrios de la ciudad.
Guardaron el carruaje y emprendieron la búsqueda, pero el cochero también se les unió. No se habían dado cuenta de que era un humano lo cual Erik extrañó al notarse tan tranquilo. Su nombre era Joan. Se encontraban en la zona comercial del barrio y la noche era temprana, así que las calles estaban llenas de gente y de carruajes que iban y venían.
-Bien. Tenemos que encontrar diez personas para que recorran con nosotros las otras dos ciudades y para que estén completamente convencidas de esa fiesta.-dijo Erik.
-Escribiré la carta a Damen informándoselo.-dijo Caroline.-Mientras tanto creo que ustedes tres se pueden dividir para empezar a llevar las personas.
Estuvieron de acuerdo y empezaron el trabajo. Caroline se dirigió a una cafetería que tenía también sillas y mesas fuera del local. Había sacado del carruaje papel y tinta y empezó a escribir la carta. De pronto, un hombre que había llegado al mismo lugar le llamó la atención. Su belleza y la finura de su rostro era incomparable, sus ojos eran grises, su cabello hasta la altura de los hombros era liso, negro y brillante. Su altura, la anchura de sus hombros y su forma de vestir lo hacían aún más atractivo. Indudablemente, le pareció familiar ese hombre. Él entró a la cafetería habló con otro hombre que Caroline no pudo distinguir muy bien, y minutos más tarde volvió a salir. Pasó en frente de ella y le envió una mirada misteriosa, lenta y vil. En ese momento lo reconoció e hizo que su corazón se acelerara; pero de miedo y asombro.
En la carta a Damen no solo nombró el plan sino también aquel hombre:
Febrero 12 de 1715
Apreciado Señor Damen Bayeux.
Hemos llegado ya a París, exactamente a Montmartre. El plan es el siguiente: diremos a todas las personas que ha llegado a Versalles un hombre sumamente rico y conmemorando su llegada y sus logros se preparará una fiesta en dicha ciudad. Estoy completamente segura de que funcionará. La petición es que empiece a disponer los preparativos para la fiesta que se estaría llevando a cabo cuando hayamos terminado los viajes en Francia.
Esperamos su comprensión y elaboración.
Atentamente
Caroline Boucher.
P.D: Él está aquí. Por favor, pido su completa supervisión en los viajes.
Caroline quedó sorprendida. ¿Qué hacía ese hombre allí? Lo mejor sería avisárselo a John también.
Entre tanto, él se acercaba a un grupo de jovencitas después de haber invitado a un hombre que con gusto recibió la propuesta. Las jóvenes lo habían estado mirando detenidamente y hablaban entre ellas dejando escapar risitas ahogadas y coquetas.
-Buenas noches, señoritas.-dijo John entrando en el juego.
-Buenas noches.-respondieron ellas en un coro desordenado.
-Les tengo una propuesta. ¿Qué les parece si en unos días van a una fiesta que se celebrará en Versalles?
Se miraron. Por dentro deseaban con furor hacer cualquier cosa que él les dijera, evidentemente habían quedado más que cautivadas pero había muchas razones por las que no podían hacerlo.
-Nos encantaría, pero no creemos que nuestros padres no nos dejen ir.-respondió una de ellas, una joven rubia, bella y encantadora.
-No se preocupen, ellos no tienen por qué darse cuenta.-respondió John con aire seductor.
Con esas palabras quedaron aún muchísimo más cautivadas de lo que estaban antes y ella se sonrojó. Aunque dudaron por un momento, estuvieron de acuerdo. Ciertamente todas eran señoritas muy educadas que jamás se atreverían a desobedecer a sus padres, pero pensaron que quizá una experiencia a escondidas no les haría mal.
-¿Cuándo partiremos?-volvió a preguntar.
-Esta misma noche. Pero no a Versalles, sino a Marsella. La fiesta va a ser por todo lo alto así que tenemos que buscar invitados en las principales ciudades de Francia.
Aquella idea las emocionó más.
-Cuando lleguemos allá, ¿Podemos ayudarlo?
-Por supuesto que pueden.-todas las chichas se miraron y volvieron a soltar sus risitas ahogadas.-No se alejen demasiado. En un momento vendré por ustedes.-dijo John con una vanidosa sonrisa, giró en redondo y continuó su camino.-Ingenuas.-masculló entre dientes.
En ese momento Caroline se le atravesó.
-John, ese hombre está aquí. Tenemos que proteger a Erik.
-¡Imposible!
-Estoy segura de que sí era él. Lo vi en la cafetería.
-Debemos avisarle a Damen y estar pendientes de Erik.
-Acabo de enviarle una carta y Erik no debe estar muy lejos de aquí. Debe estar con Joan.
Emprendieron su búsqueda. Caminaron durante unos minutos buscándolos entre hoteles, restaurantes, personas y callejones. Hasta que los hallaron en una pequeña plazoleta que contenía una gigantesca iglesia. Estaban invitando a un grupo de personas que acababa de apreciar a un hombre que recitaba diversos poemas a cambio de dinero. Cuando hubieron terminado, se acercaron a John y Caroline.
-Va haber un cambio de planes. Como creo que ya tenemos los invitados, incluso más de diez; nos iremos ahora mismo a Versalles.-dijo John precipitado.
-¿Por qué? Se supone que tenemos que dirigirnos a Marsella.-respondió Erik.-Además, debemos regresar a Versalles con unos treinta invitados, no once o doce.
-Usted tiene razón, pero será mejor irnos, hay algo que no está bien. Y no se preocupe por los invitados, Damen se ha dado cuenta y acaba de enviar más vampiros para la fiesta. Estaremos de vuelta en poco tiempo.
Erik suspiró.
Esto va a tardar muchísimo más tiempo de lo que pensé.
-Sugiero que en lugar de irnos a Versalles, deberíamos irnos de inmediato a Alemania. Usted dice que Damen ya sabe lo que sucede, entonces él debe entender por qué nos dirigimos a ese país.-dijo Erik.
-Creo que es una buena idea.-reiteró Caroline.
-Está bien, entonces traigan a sus invitados y nos vamos a Berlín.
Todos se dirigieron al carruaje que Erik les había indicado. Eran alrededor de unas veinte personas y todas se veían muy emocionadas. Cupieron muy bien en el coche y sobraba todavía un poco de espacio.
Luego, se subió al carruaje donde estaban John y Caroline. Joan dio la señal a los caballos para emprender el viaje a Berlín con el otro coche detrás de ellos.
-¿Y qué es lo que andaba mal?-preguntó Erik.
Caroline sabía que no le iba a gustar una respuesta como “será mejor que no lo sepa” o “tiene que esperar”. Así que decidió decírselo de una manera más indirecta.
-Había allí una persona que nos tenía acechados desde hace un buen tiempo y al vernos, era probable que sus planes para matarnos recayeran sobre nosotros.
-¿Y por qué querría hacerlo?
-Preferiría no contárselo.-con aquella frase, Caroline cerró el tema y Erik resolvió no insistir. Se dio cuenta de que era otra historia escondida que tendría que descubrir con el tiempo.
El viaje iba a ser largo y, aunque iba a llevar personas a su muerte; Erik sentía cierto alivio al volver a su ciudad. Pero sabía que no se iba a quedar allí por mucho tiempo y tampoco iba a estar tranquilo.

ef

viernes, 4 de enero de 2013

Día 10, Capítulo 3


Capítulo 3
La Bola de Cristal
L
os rayos del sol iluminaron su rostro. Abrió los ojos y al incorporarse un penetrante ardor lo detuvo abruptamente. Su herida se había abierto. Se sentó lentamente y notó que su cama, justo donde había estado su espalda; estaba llena de sangre. Los vendajes no habían servido de nada.
Debo limpiarme o los vampiros me matarán.
Salió de su habitación y buscó la manera de limpiarse. Dentro del castillo no había nada que pudiera ayudarlo así que afuera, en el jardín de la parte de atrás del domicilio; caminó un poco y encontró un pozo. Llenó el balde de madera con agua y se la echó poco a poco en la espalda. El agua congelada le erizó todo el cuerpo y le heló la sangre pero el dolor aminoró limitadamente. El agua mezclada con sangre que caía de su espalda fue absorbida poco a poco por el verde césped. Se quitó la venda y volvió a vaciar un balde de agua sobre su espalda. El frío hizo que el ardor desapareciera así que dejó el balde dentro del pozo y volvió de prisa al castillo. Cuando ya casi llegaba al portón, vio que la cortina de su habitación estaba cerrada. Alguien había entrado.
Subió rápidamente las escaleras y abrió la puerta. Allí estaba Isabella arrodillada a un lado de la cama olfateando intensamente la sábana blanca manchada de sangre. En el momento en que Erik entró, Isabella percibió no solo el olor de la sangre de él sino también el de su carne expuesta.
Moriré. Moriré en este mismo instante.
-Señor Jügerhof.-dijo ella con un suspiro.-Ciertamente su sangre es la que más he deseado desde que supe que llegó a este lugar. Damen tiene razón: la sangre extranjera es más deliciosa que la local a la que estamos acostumbrados. Pero no es solo por ser alemana, sino por estar en su cuerpo.
Se levantó de su lugar y se acercó a Erik. Le rapó de sus manos los vendajes llenos de sangre y los olió muy profundamente como una joven se embelesa con el perfume de su amado. Él estaba nervioso pero no tenía miedo. Algo le hizo sentir que no lo atacaría. Solamente estaba intrigado por la forma como ella y todos los vampiros en general se hipnotizaban con el olor y el sabor de un líquido tan sombrío como la sangre.
-Cuanto me gustaría probarla, sentirla correr por mi cuerpo.
-Usted dijo que eso no pasaría.-dijo Erik tratando de mostrarse muy tranquilo.
-Lo sé. A usted le gusta destruir las esperanzas, ¿verdad?
-Esa no era mi intención, señorita. Pero no es bueno que se contradiga.
-¿Y qué si lo mato en este mismo instante?-preguntó ella lanzando con fuerza los vendajes a la cama y acercándose lentamente- ¿Qué puede hacer usted? Los humanos no pueden escapar tan fácilmente de la muerte. ¿Qué va hacer si decido atacarlo?
Ella estaba ya tan cerca que lo mordería en cualquier momento. El miedo se apropió de Erik esta vez y su respiración de agitó. Isabella sonrió.
-No solo es delicioso el olor de su sangre, sino el de su miedo también lo es. Puedo sentir toda la adrenalina corriendo por su cuerpo y yo también la siento en el mío.-habló ella a su oído, lista para morder.-Despídase, Erik.
Isabella abrió su boca y sus afilados colmillos ardían de furia para morder. Su final parecía haber llegado, pero en ese momento; Caroline entró.
-¡No se atreva a hacerlo!-gritó ella al ver lo que sucedía.
Isabella se alejó de inmediato de Erik.
-¿No sabía usted que Erik debe permanecer vivo? ¿Damen no se lo ha informado?-prosiguió Caroline.
Isabella no respondió nada pero en su mirada se podía apreciar el odio que tenía por Caroline y aún más ahora que había interrumpido su tan preciado banquete.
-Será mejor que salga ahora mismo de aquí antes de que el sol la queme.-amenazó Caroline.
Isabella hizo caso en seguida sin borrar su mirada malévola y salió de la habitación dando un portazo.
Caroline abrió la cortina y apagó las velas.
-¿Se encuentra bien, señor Jügerhof?
-Sí, estoy bien. Gracias.-respondió él respirando profundo tratando de apaciguar su corazón.
-¿Qué le pasó a su herida?
-Se abrió. Damen trató de vendarla pero no funcionó.
-Será mejor traer un doctor. Le diré a un criado que lo cite.
-Pensé que iba a venir en la tarde.
-Yo también. Pero debido a que anoche todo terminó tan tarde Damen dijo que me quedara a dormir aquí. Versalles es peligroso en las noches.
-Sí, tiene toda la razón.
Caroline salió de la habitación para avisarle a un criado que llamara al doctor y Erik se puso una delgada camisa blanca para cubrir la herida. Abrió la ventana y contempló la ciudad. Por las calles ya había carruajes circulando y la zona comercial se estaba llenando de gente. Se preguntó si los habitantes conocían acerca de la existencia de los vampiros, si al menos conocían alguna leyenda o una mínima sospecha de su existencia.
Pobres todas aquellas personas. No saben que los vampiros los acechan todas las noches y que están más cerca de la muerte que lo que ellos creen.
-Y por favor cambie esas sábanas.-dijo Caroline al entrar con el criado.-En poco tiempo estará aquí el doctor.-prosiguió ella hablando esta vez con Erik.
Él asintió.
-¿Qué sucede?-preguntó ella haciéndose a su lado.
-Todo esto va a enloquecerme. No aguanto más. Nunca más voy a hacer caso a una carta.
-Y jamás sucederá de nuevo.
Erik suspiró.
-También estoy cansado de que me hablen en códigos secretos. Todos me ocultan algo.
-Erik, tiene que ser paciente. Si de algo sirve, creo que esta noche Damen le dirá para qué lo necesita.
-Por fin, al menos sabré a qué vine.
En ese momento alguien golpeó la puerta. Erik abrió y se encontró con anciano un poco calvo, con grandes gafas y con un maletín de cuero café.
-¿Es usted Erik Jügerhof?-preguntó él.
-Sí, soy yo.
El hombre estiró su mano derecha.
-Un placer. Soy el doctor Deux. ¿Qué le ha pasado?-dijo estrechando la mano de Erik y entrando a la habitación.
-Anoche mi espalda se hirió pero hoy me di cuenta de que se abrió más.
-Déjeme ver.
Erik se quitó la camisa y dejó ver aquel rasguño que ya tenía su carne a la intemperie. Indudablemente era una lesión horrible y cruda.  
El doctor la examinó por unos instantes y luego sacó de su maletín una pequeña botella café que contenía un líquido espeso del mismo color. Cogió un pedazo de algodón y lo untó con ese líquido que no olía muy bien. Posteriormente recorrió la herida con el algodón. El ardor fue fuerte pero si Erik se movía un poco, sería mayor. Después de haber empapado la herida, la cubrió con gaza y la pegó.
-Eso es todo. El líquido que le he puesto le ayudará a que la herida cierre sin dejar que su músculo se infecte. No haga ningún movimiento brusco, ni mucha fuerza y manténgase en constante reposo. Volveré en unos días para inspeccionar la herida pero si se presenta ardor o sangrado, avíseme en seguida.-el doctor parecía apresurado.
-Sí, señor. Muchas gracias, doctor Deux.-respondió Erik mientras se ponía la camisa dándose cuenta de que el doctor también lo inspeccionaba. Y guardó silencio por un momento, miró fijamente los ojos de Erik y luego asintió.
-¿Quién me va a pagar?-preguntó arrogantemente el doctor.
-Damen lo hará. Él está en la sala principal.-respondió Caroline tratando de ser amable.
-Está bien. Tengan buen día.-y el doctor se fue.
Erik tuvo la extraña sensación de que él tenía algo que ver.
-¿Y qué piensa hacer hoy, señor Jügerhof?-preguntó Caroline regresándolo a la realidad.
-No lo sé. Debo esperar a que se haga de noche para hablar con Damen.
-¿No tiene hambre? Vamos a desayunar, yo invito.-dijo Caroline con una sonrisa.
-Estaría encantado.
Fuera del castillo, tomaron un carruaje y se dirigieron a la cafetería más cercana. En el camino no hablaron mucho. Erik estaba ocupado conociendo la ciudad a través de la pequeña ventana del carruaje. Y le pareció un lugar hermoso: las calles, edificios, casas, la elegancia y gentileza de las personas. Todo parecía muy bien ordenado y tranquilo. Pronto llegaron a la cafetería. Dejaron el carruaje donde estaban todos los demás, entraron y se sentaron en una mesa.
El lugar era muy elegante. Había grandes ventanales que dejaban que la luz del sol entrara libremente, las mesas eran redondas y estaban hechas de madera oscura al igual que las sillas, el mostrador de vidrio estaba lleno de las delicias francesas, el piso estaba hecho de baldosa grisácea y el alto techo tenía el mismo color de las paredes, un amarillo claro. La cafetería estaba llena de personas sentadas en las mesas hablando y riendo y había una larga fila en frente del mostrador.
Unos segundos después de haberse sentando, un mesero les preguntó qué les apetecía. Ambos pidieron un petit déjeuner.
-¿Hace cuánto trabaja con Damen?-preguntó Erik y tomó un sorbo de café.
-Hace unos cinco o seis meses. Antes trabajaba con la pitonisa.
-¿No es un trabajo arriesgado? Si la iglesia se hubiera enterado, ambas hubieran muerto.
-Tiene razón, pero cuando la visite se va dar cuenta de que su puesto de trabajo no levanta ninguna sospecha así como el aspecto de ella.
-¿Por qué dejó de trabajar con ella?
Caroline suspiró. Gracias a aquella pregunta, regresó a su mente un día tormentoso y gris.
-Solamente creí que el trabajo con Damen iba a ser mucho mejor y la paga aumentaría más; y sí fue así. Pero debo decir que es mucho más arriesgado trabajar con centenares de vampiros que con una hechicera.
Erik sonrió.
-¿Y qué es lo que tiene qué hacer?
-Bueno, tengo que asegurarme de que cada clan se mantenga no solo en estatus y en honor sino también en alimentación. Sonará increíble pero ha habido momentos en que el alimento escasea.
-¿Y qué se hace en ese caso?
-Se envía a un humano para que lleve personas al castillo. Otras de mis funciones es que los representantes cumplan con su trabajo, ha habido unos que dejan que sus vampiros hagan lo que quieran.
-Pensé que ser un vampiro era solo asesinar humanos y salir de noche aguantándose una eternidad haciendo lo mismo.
Caroline rió por lo bajo.
-Por supuesto que no es así. Así como en todas las sociedades del mundo hay un orden y unas reglas, en el vampirismo también las hay. Es necesario mantener ciertas pautas para garantizar el orden porque si todo se hace en desorden los humanos empezarían a sospechar. Es igual a la hora de cazar. Un vampiro jamás se alimentará en medio de la calle por más desolada que esté.
-Entonces parece que ser un vampiro es como cumplir una misión clandestina.
Ella sonrió.
Ya habían terminado de desayunar y Erik se levantó a hacer la fila para pagar.
-Le dije que yo invitaba.-protestó Caroline sonriendo.
-No, yo lo pagaré. Con el desayuno es más que suficiente.-respondió él con el mismo gesto.
Salieron de la cafetería y decidieron que no regresarían de inmediato al castillo. Caminaron por las calles sin prisa mientras hablaban del trabajo de Caroline y un poco sobre la vida de Erik. Pronto, llegaron a la gran plazoleta conformada por una gran iglesia en cuyo centro había una gran fuente que botaba agua con fuerza. Continuaron hablando acerca de sus vidas, o al menos de los detalles más importantes de éstas. Y a Erik le gustaba cada vez más la forma de ser y de hablar de Caroline. Ella era tan sofisticada y delicada, pero al mismo tiempo inteligente, autoritaria y trabajadora. No era de ese tipo de mujeres que de dejaban convencer al escuchar bonitas palabras, sus principios estaban muy bien marcados y nadie podía hacerla dudar de sus pensamientos y su optimista pero realista forma de ver la vida. Así mismo, a Caroline también le agradaba Erik. Mientras hablaban, se dio cuenta de que a pesar de la dura vida que él tuvo, no había nada ni nadie que pudiera destrozar sus esperanzas. Le gustaba mucho que Erik fuera tan artístico al saber de música y poesía y el manejo de idiomas pero también le llamaba mucho la atención ese encanto tan masculino y arrollador que había en su mirada y en su elegante forma de hablar en tan magnífico francés. Hundiéndose en aquellas cualidades, hablaron por horas.
-Creo que ya es hora de irnos. La casa de la pitonisa está un poco retirada de aquí.-dijo Caroline.
Ambos se dirigieron de nuevo a la cafetería donde habían estacionado el carruaje, subieron a este y se dirigieron a casa de la hechicera.
-La pitonisa estará complacida de ayudarlo. Es una buena mujer.- dijo Caroline.
-Supongo que trabajar con una pitonisa debió haber sido extraño.- replicó Erik.
-Al principio lo es, pero con el tiempo uno se acostumbra.
-¿Cuánto tiempo trabajó con ella?
-Casi diez años, pero aunque dejé de trabajar con ella todavía seguimos hablando. Desde el principio pudimos entablar una fuerte amistad.
-¿Y por qué decidió hacerlo?
-Porque en el momento nadie me quiso recibir en ningún otro lugar. Ella fue la única que me aceptó y a pesar de ser un trabajo poco inusual, pude sobrevivir.
-¿Y sus padres?
-Al igual que los suyos, están muertos. Quedé huérfana a los 14 años y viví por un tiempo con mi tía. Pero después ella murió y quedé completamente sola a los veinte.
-Quiere decir que el resto de su familia no la ayudó.
-Exactamente.
-Hay unos capítulos de su vida y la mía que son similares.
-Tal vez sea por eso que nos entendemos.-dijo Caroline con una brillante sonrisa la cual Erik devolvió.
-El caso fue que con la pitonisa aprendí muchas cosas. No solo cómo cuidarme a mí misma sino al entorno en el que vivo. Conozco bien el reino y la naturaleza de sus habitantes.
-¿Cómo se lo enseñó?
-La pitonisa tiene una bola de cristal. Aquella bola es como un ojo que vigila las vidas de todos y de la cuidad en general. La pitonisa puede consultar a la bola lo que quiera en cualquier momento sin importar donde se encuentre o de qué persona se trata. Fue así como ella me mostró la ciudad sin necesidad de pasar horas o días recorriéndola.
-¿Y es así como me va ayudar?
-Sí. No hay otra forma de hacerlo. Espero que eso no vaya a influir en su religión o en su vida espiritual.
-En lo absoluto. Mis padres jamás me inculcaron una religión y no sé nada sobre mi espíritu o mi alma.
-Es importante que sepa sobre eso. La pitonisa lo ayudará.
Unos minutos más tarde, llegaron a la casa. Estaba ubicada en un elegante barrio y la casa era como todas las demás. Hecha de ladrillos irregulares de color café oscuro, puerta de madera de casi el mismo color de las paredes, ventanas rectangulares cubiertas por cortinas blancas y techo triangular de color café, casi negro. Caroline tocó la puerta con el aldabón. Después de unos segundos, la pitonisa abrió. Al hacerlo, el marco golpeó con suavidad unos palos de cristal que pendían del techo provocando una serie de sonidos agudos y armónicos.
El aspecto de la mujer era fino y delicado. Su piel era blanca y su fisonomía era sutil. Llevaba puesto un bonito vestido negro y su cabello era un tono entre rojizo y anaranjado que le llegaba hasta la cintura.
-¡Caroline, qué gusto verte!-dijo ella con una sonrisa y la abrazó con fuerza. Su voz era melódica y suave.
-Me alegra volver a verte. Te presento a Erik Jügerhof. Vino desde Alemania hace dos días. Erik, ella es Lauren.
-Es un placer conocerla.-dijo Erik haciendo una pequeña venia.
-El placer es mío, señor Jügerhof.-respondió Lauren devolviendo el saludo sin dejar de sonreír.-Entren.
El interior de la casa olía a incienso. La sala y toda la casa en general estaban decoradas exageradamente de pequeñas estatuas de ángeles sobre las mesas, objetos extraños que pendían del techo, imágenes de raros dioses y en la mesa de centro de la sala estaba la famosa bola de cristal. Los sillones alrededor eran de color rojo vino, el piso era de madera brillante color café al igual que el techo y un lado de la sala estaba la chimenea que sobre su repisa descansaban velas en sus candelabros y una pequeña estatua de yeso de un ángel tocando el violín.
Cada uno se sentó en un sillón de modo que quedaran uno a cada lado de la mesa, alrededor de la bola de cristal.
-Cuénteme qué es lo que sucede, señor Jügerhof.-dijo la pitonisa.
-Últimamente se me ha estado apareciendo una sombra con un par de ojos azules que me persiguen a cualquier lugar que voy. La primera vez que vi esos ojos fue en un cuadro de Versalles que se encuentra en el castillo donde me estoy hospedando. Ayer algo o alguien me rasguñó la espalda, un hombre que también ha llegado de otro país me dice que voy a tener un cambio en mi vida… Todas esas cosas me van a enloquecer y aun peor si suceden en tan poco tiempo.
-Vive con vampiros, ¿verdad?
-Así es.
-Bien, entonces primero vamos a averiguar quién es el pintor del cuadro porque parece que quiso darle un mensaje al pintar el par de ojos que  mencionó.
-Está bien.-Erik jamás había visto el cuadro de esa forma. Supo que Lauren era una mujer astuta.
Cerró los ojos, extendió las manos sobre la bola de cristal y exclamó en voz alta:
“Espejo de las almas
Espía con alas
Muéstrame la verdad escondida
En el cuadro de la mirada perdida”
Poco a poco la bola de cristal se llenó con un fino humo blanco que paulatinamente se fue tornando más denso hasta que se convirtió en algo así como un espeso líquido gris que se revolvía intensamente hasta que las imágenes aparecieron. La historia del cuadro se hizo presente.
Era alrededor del año 1625. Un hombre que se encontraba en un castillo estaba postrado en una rodilla frente a otro hombre cuyo semblante emanaba autoridad y miedo. Era Damen en su castillo.
-Quiero que pinte para mí el cuadro más espléndido de Versalles que transmita el mensaje de la verdad a mis descendientes.-dijo Damen.
El hombre que había recibido la orden hizo una pequeña reverencia con su cabeza, se levantó y esa misma noche empezó la obra. En un enorme lienzo comenzó por plasmar el color naranja del atardecer. Posteriormente las montañas, los árboles y todo lo que contenía el cuadro. Al pintor le habrá tomado aproximadamente una o dos semanas en pintarlo pero la bola lo mostró en unos cinco minutos. Finalmente, entre las ramas de los árboles, pinceló el pequeño par de ojos azules que tanto atormentaban a Erik. Hasta ahora la bola no había dejado ver el rostro del pintor pero una vez que había terminado la obra, la bola cambió la vista y mostró su cara: el pintor era John van Luthenberg.
Al día siguiente, llevó en su carruaje la gran pintura.
-Es magnífica, señor Luthenberg. Es todo lo que estaba buscando.
En ese mismo instante Damen mandó a colgarlo en el lugar donde se encontraba actualmente. Parecía que todo estaba planeado aproximadamente desde hace cien años.
Posteriormente la imagen se disipo de la misma manera como apareció. Y mostró ahora el día en que Erik fue rasguñado. En realidad había sido una sombra, no la que siempre le hacía daño sino otra que parecía más bien un trozo de tela negra rodeada de una bruma negra. Un pedazo de esta bruma tomó la forma de una mano con largas garras y fue con una de ellas que rasguñó tan rápida y fuertemente la espalda de Erik y después, entró en su cuerpo.
La imagen volvió a desaparecer y luego, la bola se apagó.
Erik suspiró. El hecho de saber que John había pintado el cuadro le había paralizado el corazón. Además, ¿cómo pudo él permanecer vivo durante tantísimo tiempo? Desde el principio sabía que había algo extraño en él.
-Erik, parece que algo va a pasar con su vida. Va haber un gran cambio y esta noche comienza el camino de… “transformación”. No solo va a cambiar su aspecto físico sino también el aspecto de su alma y le puedo asegurar que aquel cambio lo conducirá a la felicidad.-explicó Lauren sintiendo el desconcierto de Erik.
-Eso es precisamente lo que quiero saber. ¿Qué cambio va a haber en mi vida? ¿Y qué hay de mi alma?
-Aquella respuesta no se la puedo dar yo, ni la bola de cristal, ni la bruja más poderosa de Francia. Usted mismo tiene que averiguar de qué cambio se trata y poco a poco se dará cuenta de su alma.
-Está bien. Pero, ¿podría saber algo más de John y de esas sombras?
-Lo intentaré.
Lauren volvió a cerrar los ojos con fuerza, extendió las manos sobre la bola de cristal y exclamó en voz alta:
“Espejo de las almas
Espía con alas
Enséñame la vida de aquel pintor
Cuya existencia del tiempo escapó”

Como lo hizo anteriormente, la bola empezó a llenarse de un tenue humo hasta convertirse en esa especie de denso líquido. Tardó unos segundos revolviéndose, pero luego se apagó. Lauren volvió a repetir las mismas palabras, pero ya no pudo mostrar nada más acerca de su vida.
-¿John es vampiro verdad?-preguntó Lauren.
-Sí, lo es. ¿Qué tiene eso que ver?-dijo Erik.
-Indagar en la vida de un vampiro no están fácil como indagar en la de un humano cualquiera. Y con respecto a las sombras… son seres extraños. Tampoco se puede entrar en sus orígenes o saber quién es el que las envía.
-¿Es decir que no me puede mostrar nada?
-Me temo que no. Lo siento mucho, pero no hay otra forma de averiguar la vida de John, a menos que usted mismo se lo pregunte.
No, imposible. Tendré que obedecer las palabras de Isabella y de Lauren, debo esperar.
-Muchas gracias por tu ayuda, Lauren.-dijo Caroline levantándose del sillón.
-Espero que les haya servido de algo.-dijo Lauren también levantándose.
-Por supuesto que sí.-replicó Erik.
-Regresen cuando quieran, y no olvide lo que le dije.
-Lo tendré siempre en cuenta.
Se despidieron, se subieron al carruaje y se dirigieron al castillo.
-¿Qué piensa de todo esto?-preguntó Caroline.
-Es de gran ayuda saber que John pintó el cuadro. Pero me pregunto por qué lo habrá hecho, me pregunto si él tiene algo más que ver en todo esto. Evidentemente su vida ha atravesado bastantes cambios. ¿Cómo puede lidiar con eso?
-No conozco muy bien a John porque es un vampiro joven, pero creo que ya debe estar acostumbrado. Algo le debió haber pasado para poder vivir tanto tiempo.
-Y creo que eso influye en el que tenga que ayudarme. Quizá única y exclusivamente él sea el único que tenga ese deber.
El mar de pensamientos que habitaba en la cabeza de Erik estaba caudaloso de nuevo. Iban y venían más preguntas que se estrellaban con la única piedra que representaba la respuesta que ya tenía. Solo deseaba saber todo de inmediato pero, como dijo Lauren; esa noche su camino hacia el gran cambio de su vida iba a comenzar y parece que no va ser corto y fácil. Todo lo contrario.
-Ya casi va anochecer. Estoy ansioso por saber cuál es el trabajo de Damen tiene para mí.-dijo Erik después de permanecer un largo tiempo en silencio.
-Ya lo creo. Bueno, me bajaré aquí. Debo ir a casa.-dijo Caroline.
-Está bien. Gracias por su ayuda, señorita Boucher.-dijo Erik.
El carruaje se detuvo en una solitaria calle.
-Buena suerte.-dijo ella y se bajó.
Antes de que Caroline se fuera, Erik tuvo que decir algo.
-¡Señorita Boucher!-la llamó sacando la cabeza por la ventanilla del carruaje. Ella se volvió.-De verdad, gracias por preocuparse por mí y querer ayudarme.
-Oh, no es nada.-dijo ella con una tímida sonrisa-Y por favor, dígame solo Caroline.
-¿La volveré a ver…Caroline?
-Por supuesto que sí. Buenas noches.
-Buenas noches.-se despidió Erik sonriendo.
El coche continuó su recorrido y caída la noche, llegó al castillo. Erik caminó apresuradamente por el camino que serpenteaba por el jardín. Estaba emocionado pero al mismo tiempo tenía miedo. Damen era un vampiro y no era fácil esperar algo de ellos y mucho menos de él. El misterio lo quemaba por dentro.
El portón se abrió solo y sentado en un sofá estaba Damen tomando una copa esta vez no de vino, sino de sangre; quien lo esperaba tranquilamente para encomendarle un importante trabajo.
Entre tanto, John se encontraba en la biblioteca leyendo el mismo libro que Erik ya había leído. De un momento a otro tuvo la sensación de que algo o alguien habían escudriñado un capítulo de su vida, o como si alguien se hubiera enterado de uno de sus más profundos secretos. Pero no, le pareció absurdo. A pesar de que no pudo quitar ese sentimiento de su conciencia, continuó con su lectura.



ef