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jueves, 3 de enero de 2013

Día 9, Capítulo 2


Capítulo 2
Una Nota, Mil Memorias

E
sa noche no logró dormir con facilidad. Su reloj de bolsillo marcaba aproximadamente la media noche y Erik aún seguía dando vueltas en su cama. La sentía incómoda y además el miedo y un sentimiento inquietante lo abrazaban. Desde que se fue a la cama no pudo quitarse la impresión de que alguien lo miraba profundamente y tampoco podía sacarse de la cabeza la imagen que había quedado grabada en su mente aquella tarde. Desde el principio tuvo la impresión de que el castillo no era como los demás al igual que sus habitantes. Incluso le pareció sentir el dolor que la joven pudo haber sentido al ser mordida en su cuello y quiso irse. Así que se levantó, se vistió y salió del castillo.
Atravesó el jardín del domicilio, bajó la pequeña colina donde estaba ubicado cubierto por frondosos árboles y caminó sin rumbo alguno por las solitarias calles de Versalles. La noche estaba fría y el aire le zumbaba en los oídos. Las casas grandes y elegantes estaban oscuras, no había ninguna luz que saliera de las ventanas. La única luz que había era la de la luna que a pesar de ser muy pálida y pobre era suficiente como para iluminar su camino. Aunque no sabía a donde iba, caminaba apresuradamente; como si creyera que tenía que escapar de algo. Pronto, se detuvo frente a un callejón. Sus ojos apreciaron una rápida pero macabra escena. Un hombre tenía una mujer entre sus brazos mientras succionaba su cuello, posteriormente el hombre la soltó y ella calló muerta al suelo y el asesino sonrió con sus labios y su mentón llenos de sangre sintiendo como corría por sus venas el delicioso placer de matar. Impresionado, siguió caminando. Más adelante vio exactamente lo mismo, solo que esta vez era una mujer quien asesinaba a un hombre entre la oscuridad de los árboles.
¿Qué está pasando? ¿En qué me he metido?
El miedo lo abrumó. Aquellas personas se alimentaban de otras personas y lo mejor sería que no se dieran cuenta de que él estaba allí.
-Señor Jügerhof.-susurró alguien. Pero ya era demasiado tarde.
No quiso prestar atención y siguió caminando con el corazón acelerado. Unos segundos después el susurro se volvió a escuchar. Las copas de los árboles se sacudieron con fuerza y se dio cuenta de que lo estaban persiguiendo pero continuó caminando más apresuradamente con la mirada clavada en el suelo.
-Deténgase.-volvió a susurrar.
Erik frenó en seco. Concurrió un profundo silencio que lo mareó. Su respiración se agitó y su corazón parecía que iba a explotar. La adrenalina se extendió por su cuerpo pero no podía dejarla escapar, quería echar a correr pero sus pies estaban pegados al pavimento. Entonces, sintió una presencia detrás de él, una mala energía. A pesar del miedo; respiró profundamente, levantó la cabeza, se dio vuelta con rapidez y ahí estaba.
La bruma negra que se levantaba desde el suelo con su par de ojos azules. Lo observaba con detenimiento, lo examinaba de adentro hacia afuera, de arriba abajo. Un sudor frío corrió por la espalda de Erik, sus manos y pies temblaban. Se encontraba inmóvil y mudo pegado al suelo con su corazón latiendo a toda prisa. De repente, todos los asesinos, todas aquellas extrañas personas aparecieron detrás de la bruma. Eran aproximadamente unas cuarenta entre hombres y mujeres. Todos de gran belleza, ojos claros y siniestros, todos muy galantes pero vestidos de negro y expulsaban la misma malvada energía; todos dejaban salir de su cuerpo el mismo odio.
Se estaban preparando para abalanzarse contra él con viles sonrisas que dejaban ver afilados colmillos y justo cuando habían tomado impulso para saltar, otra persona se atravesó velozmente entre ellos y Erik, impidiendo que lo lastimaran. El desconocido extendió sus brazos protegiéndolo y todos los atacantes se detuvieron de inmediato. Ahora eran ellos los vulnerables.
-¡Jamás vuelvan a acercarse a este hombre! Hace parte de la misión.-dijo el hombre. Erik, detrás de él; reconoció esa voz tan autoritaria: Damen. – Regresen al castillo de inmediato y no saldrán de allí hasta que yo lo permita.
Mientras Damen hablaba Erik buscó la bruma entre los árboles, los rincones, los techos de las casas pero ya había desaparecido. Estaba confundido y asustado.
Probablemente ellos son todos los que viven con Damen… Y quieren matarme.
Todos se fueron a gran velocidad al castillo mientras que Damen se volvió a Erik.
-¿Se encuentra bien, señor Jügerhof?
Tardó en contestar. Tenía un fuerte nudo en la garganta el cual desató difícilmente tratando de pasar saliva.
-Sí, estoy bien… Todos ustedes son…-su voz estaba entrecortada y débil.
-Regresemos al castillo. Tiene que descansar.-replicó Damen, interrumpiéndolo.
Erik asintió y se dirigieron al recinto.
Cuando llegó al castillo entró a la biblioteca y siguió leyendo el libro de poesías. Leer aquel libro le traía los ya mencionados recuerdos de su juventud algo que, al principio, le parecieron incómodos. Pero a medida que su concentración iba profundizándose en la lectura, se acostumbró al sentimiento. Ya le faltaban unas pocas páginas para terminar cuando John lo sorprendió.           
-Lo siento mucho, señor Jügerhof.-se disculpó John.-Supe lo que pasó hace unos instantes. Lamento que se haya enterado de esa forma.
-¿Enterarme de qué?
John no dijo nada. No supo muy bien cómo explicarlo.
-¡Oh! De que todos ustedes son… vampiros, ¿verdad? Sabía que yo no vivía con gente normal.
-Sí, así es.
Erik suspiró.
-Jamás debí haber salido de casa, ni de Alemania.-dijo él.
-Yo también pensé lo mismo cuando lo supe.
-¿Usted también es un vampiro?
-Justamente. Bueno, venía a avisarle que la esposa de Damen llegará en pocos minutos desde Polonia. Dice él si le gustaría bajar a recibirla, allí están todos los demás.
-¿Los que quisieron matarme? Gracias, pero prefiero quedarme aquí.
-No se preocupe, usted está protegido. Vamos, será mejor obedecer.
Erik se levantó dando pasos pesados y obligados y bajaron a la sala principal tan iluminada de velas y elegantes lámparas de cristal que colgaban del techo. Allí estaban todos los demás vampiros hablando entre ellos a la espera de la esposa de Damen. Cuando llegó a la sala, nadie pareció percatarse de su presencia mientras que John se unió a un grupo que estaba sentado en los sofás. En una pequeña mesa había una bandeja llena de copas de vino. Erik se acercó y tomó una. Lo tranquilizó probar el mismo exquisito vino que Damen le había preparado. Estaba allí parado, solo. Algunas vampiras lo miraban y sonreían tratando de seducirlo pero Erik al ver sus colmillos lo único que podía hacer era desviar la mirada. Todavía estaba asustado. Sentía como si todo eso fuera un engaño para distraerlo y matarlo pero, aunque todos podían olfatear su sangre humana y sentir su miedo, parecían amigables.
De repente, una mujer se acercó.
-Usted es Erik Jügerhof, ¿cierto?-dijo la mujer. Era bella. Su cabello largo y rizado era de color grisáceo, extraño pero llamativo. Las facciones de su cara eran finas, sus ojos grandes y negros y tan alta como Erik. Llevaba puesto un lindo vestido azul oscuro de corsé apretado, mangas largas, escote cuadrado, falda y sobrefalda muy bombacho.
-Sí, soy yo.
La mujer sonrió. Erik esperaba ver dos afilados colmillos asomados en aquella sonrisa, pero no los encontró. Ella parecía ser humana, o al menos su pulcra dentadura lo era.
-Soy Caroline Boucher. Es un gusto conocerlo. Supe que va a trabajar para Damen.-dijo ella cogiendo una copa de vino.
-Así es, pero todavía no sé qué es lo que tengo que hacer.
-Damen es así. No trabajo precisamente para él pero le ayudo en todos los asuntos de los clanes.
-¿Clanes? ¿Hay más vampiros en Francia?
-No solo en Francia. En Rusia, Canadá y Alemania también hay.
-¿Y cómo puede usted convivir con vampiros? Yo llegué ayer y ya quiero irme.
-Es difícil, pero uno se acostumbra con el pasar del tiempo. Solo hay que obedecer.
-¿Y por qué no se une?-hasta para Erik esa fue una pregunta extraña y algo incómoda.
Ella tardó en contestar y pensó una respuesta rápida bajando la mirada.
-Me gusta mi vida humana.-contestó finalmente.
En ese momento, todos los vampiros empezaron a hablar más fuertemente y a sonreír entre ellos.
-Parece que Katelynn llegó.-dijo Caroline.
-¿Katelynn?
-Sí, Katelynn Schweitzer; esposa de Damen. Hace parte del clan alemán aunque no tienen representante.
-¿Cada clan tiene uno?
-Por supuesto. El representante del clan de este país es Damen y los clanes de Rusia y Canadá también tienen. Louie Patrovski y Jason Button respectivamente.
-¿Y por qué en Alemania no hay?
-Porque ni Damen ni yo hemos hallado al alemán perfecto.
Sintió que aquella respuesta fue un dardo lanzado justo en el centro de su corazón.
Katelynn entró al castillo caminando entre las dos filas de vampiros que habían hecho a cada lado de la puerta, inclinándose a medida que ella pasaba.
-Ya regreso.-dijo Caroline y también fue a saludarla.
Había un sentimiento extraño en él mismo. Estaba ensimismado acerca de todo lo que Caroline le había dicho pero al mismo tiempo no quería quitarle la mirada de encima. Era una mujer amable, su sonrisa y su forma de hablar era sofisticada y tierna al mismo tiempo; pero por otro lado también era algo diferente, había algo escondido tras esa afable sonrisa  aunque no sintió ningún tipo de energía anómala en el momento que estuvo con ella. Más bien le pareció que era de confianza y que sería bueno seguir en contacto con ella.
La noche transcurrió con calma. Erik pensó que Caroline iba a volver acercarse para seguir hablando, pero se sentó en un sillón y empezó a leer un libro de tapas negras sin ningún tipo de inscripción. Notó que era muy cuidadosa con su lectura puesto que no dejaba que nadie viera ni una página y a pesar de todo el ruido estaba muy concentrada. Empezó a sentirse intranquilo. Sentir cientos de miradas sobre él que parecían evaluar su mente, que se burlaran de sus pensamientos y su miedo humano era algo difícil de resistir. Al mismo tiempo notó que los vampiros que estaban cerca de él lo olfateaban, respiraban profundo inspeccionando el dulce aroma de cada una de sus células, de cada mililitro de su sangre.
Decidió irse de allí pasando desapercibido al subir las escaleras. Entró a la biblioteca, tomó el violín que estaba sobre el escritorio y luego se encerró en su habitación. Abrió la ventana de par en par y empezó a tocar en el violín una melodía que parecía narrar los nuevos sentimientos y las nuevas impresiones que jamás había experimentado y que había logrado conocer estando solamente un día en Versalles. Tocó frente a la ventana como si quisiera contarle a la ciudad su historia de apenas veinticuatro horas. Sus dedos bailaban sobre las cuerdas y cada nota que interpretaba con el arco le traía recuerdos de los momentos más oscuros de su vida, sin saber por qué. En su mente se dibujaron las imágenes del día del funeral de sus padres, de las desilusiones que había tenido durante ese lapso de tiempo en que no pudo evitar el pensamiento de que estaba solo en el mundo. Volvieron a sus oídos las hirientes palabras de los demás miembros de su familia cuando se negaron a acompañarlo al menos en los momentos de la más profunda agonía, regresaron los horrorosos recuerdos de una juventud oscura y solitaria y ahora; su enfrentamiento con la muerte. La melodía de Erik era cada vez más intensa y más triste. La música era el único refugio que le quedaba donde el vasto mar de recuerdos que habitaba en su cabeza parecía calmarse en aquellos gloriosos minutos donde las notas más trágicas salían a flote.
Tocó hasta que las yemas de sus dedos le ardieron y sus brazos se cansaron de sostener el violín y el arco en permanente movimiento. Cerró los ojos y se asomaron sendas lágrimas que brillaron como perlas a la luz de las velas.
Debí haberme quedado en casa. Allí estoy solo pero no corro peligro como aquí.
De repente el dolor de su espíritu se quemó con un fuerte dolor en su espalda cuando un salvaje y profundo rasguño la atravesó rasgando su abrigo, su camisa y su piel. Hizo un esfuerzo por no gritar aunque el dolor agudo no solo inundó su espalda sino que corrió por todo su cuerpo. Empezó a sangrar y varias gotas cayeron al suelo. En la sala principal, los vampiros se alborotaron. Ya todos habían sentido aún más fuertemente el dulce aroma de la sangre de Erik. Damen lo apreció también, y se dirigió a su habitación.
-¿Se encuentra bien, señor Jügerhof?-preguntó Damen, subiendo en un segundo.
-Sí, estoy bien.-respondió Erik quien se había quitado su abrigo y con la camisa trataba de improvisar un vendaje.
-Déjeme ver que le pasó.
Se quitó la camisa y dejó ver el largo y profundo rasguño que atravesaba su espalda diagonalmente. Simultáneamente, el olor de la sangre penetró en la nariz de Damen hasta llegar a su cerebro. Ciertamente aquella sangre debía ser la ambrosía más suculenta, pero se contuvo. Llamó a uno de los criados que hasta el momento Erik no sabía que existían, y mandó a traer un poco de agua y una venda.
-Es una herida profunda, pero sanará rápidamente.
El criado llegó con lo que Damen había pedido. Empapó un extremo de la camisa de Erik en agua y lavó la herida. Posteriormente la vendó diagonalmente, conforme al rasguño. Mientras lo hacía, sus dedos índices alcanzaron a mancharse de sangre y los llevó a su boca saboreando hasta que el sabor se deshizo en su interior. Jamás la volvería a probar, pero jamás olvidaría aquel delicioso sabor.
-Ya está listo. Solo tiene que esperar.
-Gracias.
-Caroline quiere hablar con usted. ¿La hago pasar?
Erik asintió mientras se ponía otra camisa y un chaleco negro cuyos bordes estaban decorados con finos espirales dorados.
Damen salió de la habitación llevándose el agua mezclada con sangre y segundos después entró Caroline.
-¿Qué le pasó?-preguntó ella sentándose en la silla que estaba al lado de la cama.
-Algo me ha rasguñado.
Caroline vio las manchas de sangre en el suelo.
-Sangró demasiado, ¿Cierto?
-Sí, eso parece.-Erik notó que ella llevaba el libro en sus manos.- ¿De qué se trata ese libro? La vi leyéndolo muy detenidamente.
Ella apretó lo apretó contra su pecho.
-Es algo muy personal para mí. Personal e intransferible. Hay una larga historia oculta entre sus páginas.
-¿Se refiere a que nadie más lo puede leer?
-Tal vez sí, pero preferiría que nadie lo hiciera.
Erik no dijo nada.
-¿Ha detallado el cuadro de Versalles?-preguntó Caroline rompiendo el silencio.
-Por supuesto que sí. Es extraño…
-¿Por qué?
-¿No ha visto ese terrible par de ojos que está entre las ramas de los árboles?
-No, no lo he visto. Para serle sincera, creo que nadie más ve esos ojos sino solo usted.
-¿A qué se refiere?
Caroline suspiró. Sintió por él algo de lástima pero al mismo tiempo entusiasmo.
-Conozco a una pitonisa. Su nombre es Lauren. Si lo desea, mañana en la tarde vengo por usted para que vayamos a visitarla. Quizá ella le pueda ayudar a encontrar algunas de las respuestas que necesita.
-¿Respuestas? ¿Qué respuestas necesito?
-Quizá necesita responder esta pregunta: ¿Por qué está usted aquí rodeado de vampiros?
-Me encantaría ver a la pitonisa.
ef

miércoles, 2 de enero de 2013

Día 8, Capítulo 1


Capítulo 1
Castillo de Recuerdos

Erik Jügerhof llegó a Versalles en la tormentosa y fría tarde del 10 de Enero de 1715. Varios meses antes había recibido una carta anónima donde le ofrecían un trabajo bien remunerado luego de que él hubiera renunciado a ser parte del ejército del rey de su país. Así que en ese mismo instante alistó todas sus pertenencias y emprendió el viaje. No se despidió de nadie porque vivía solo. Gran parte de su vida la había vivido en soledad por lo que ya estaba acostumbrado a que aquel sentimiento envolviera siempre su existencia. A pesar de que el viaje fue largo y difícil, dentro de su corazón no se desvaneció la esperanza de comenzar una nueva vida en un país y una ciudad tan diferentes al suyo. El viaje duró cinco meses.
Recorrió con la mirada el espléndido castillo a donde había llegado. Estaba hecho de piedra oscura, con numerosas y altas torres cuyos techos eran triangulares y puntiagudos, tenía gran cantidad de ventanales en la fachada y en las torres. Para llegar a las altas puertas de metal negro había que subir unas escaleras del mismo material y color del castillo. Aquellas puertas estaban custodiadas a cada lado por un par de gárgolas que tenían sus fauces abiertas dejando ver unos gigantes colmillos. El recinto estaba rodeado de un inmenso jardín lleno de todo tipo de árboles y de rosales.
Se bajó del carruaje, atravesó el jardín y subió quedamente las escaleras. Al estar cerca de los portones se percató de que éstos estaban decorados con finos espirales desde el principio hasta el final al igual que los bordes de las ventanas. No tuvo necesidad de golpear la puerta puesto que ésta se abrió sola despaciosamente creando un fuerte estruendo cuyo eco retumbó en el interior del castillo. El hombre que había conducido el carruaje tuvo miedo, así que entró rápidamente y dejó el baúl de Erik al lado de un sofá, salió de allí y se fue en el coche a toda prisa. Siguió caminando lentamente observando cada detalle de la sala principal donde se encontraba gracias a la nublada luz que entraba a través de los grandes ventanales. El piso estaba hecho de baldosas de mármol negras y blancas, similar a un tablero de ajedrez. En cada esquina de la sala habían pequeñas mesas redondas cubiertas con manteles color rojo vino y encima de ellas había floreros llenos de rosas o botellas de vino. También había dos grandes sofás color gris claro, uno en frente del otro dejando un gran espacio entre ellos. Los sillones eran del mismo color y estaban ubicados de tal manera que se formaba una pequeña sala de estar. En el centro había una gran alfombra roja finamente decorada con tonos dorados y encima, una mesa de centro de madera oscura. Sobre ella descansaba una pequeña pila de libros, una copa de vino y un papel doblado en cuatro partes. Se sentó en el sofá que estaba frente a la mesa y tomó el papel, pero antes de desdoblarlo involuntariamente sus ojos le mostraron algo. Frente a él, en la pared, había un cuadro de considerables dimensiones de Versalles.
Se acercó para verlo mejor. El cuadro era tan perfecto y amplio que le pareció imposible el sentimiento de haber conocido toda una ciudad por medio de una pintura. La obra mostraba un hermoso atardecer naranja cuya luz perfilaba muy bien todas las casas, los árboles, las calles, las iglesias, altos edificios, las diminutas personas, las montañas borrosas del fondo y las nubes como de algodón. Detallo todo con tal exactitud que incluso pudo ver cada pincelada del artista. Se perdió entre las ramas de los árboles negros y secos que estaban pintados en primer plano cuando vio entre éstas un par de profundos ojos azules como diamantes, sin una cara que los portara. Erik se hipnotizó mirando aquel par de ojos: sintió como si lo estuvieran examinando y una bruma de miedo lo envolvió pero no podía quitar la mirada. Sus ojos cafés miraban detalladamente los ojos azules del cuadro que inspeccionaban su pasado, su vida y hasta su propia alma. De repente sintió como si estuviera cayendo en un profundo abismo hasta que finalmente desvió su mirada de la pintura y se sentó de nuevo en el sofá. Un momentáneo mareo lo sorprendió y cerró los ojos con fuerza pero ahora en su mente se quedaron grabados esos ojos azules que le helaron la sangre; así que los volvió abrir.
Cogió el papel y lo desdobló. La pequeña nota que estaba allí escrita estaba conformada por finas y delicadas letras góticas. Erik leyó:
Señor Jügerhof:
Bienvenido a Francia. Gracias por atender a mi mensaje y espero que su viaje haya transcurrido con tranquilidad. Estaré llegando en la noche junto con su compañero. Siéntase libre de conocer el castillo y probar el vino que he preparado para usted.
Cordialmente,
Damen Bayeux.
Erik dejó el papel donde estaba y notó que al lado de la pila de libros había una fina copa de cristal llena de vino, la cual no estaba allí hace pocos segundos. Extrañado, sostuvo la copa en sus manos, batió un poco el vino y lo probó. Sintió un sabor a uva junto con el de los años que habían envejecido excelentemente aquel líquido. Entonces, para complacer su curiosidad, se levantó y siguió caminando por la sala mientras terminaba el vino, tocando con las yemas de sus dedos los delicados manteles de terciopelo y algunos pétalos de las rosas. Se acercó a la licorera que había más al fondo y leyó las etiquetas de las botellas que habían allí guardadas. Las más finas y costosas, champañas, whiskeys y más vinos; todos de diferentes ciudades y países.
Salió de esa sala y entró a otra más pequeña donde también había más sofás y una estantería llena de libros. Atravesó el lugar y llegó a otras dos salas que en lugar de detallar siguió caminando despacio solo para apreciarlas. Posteriormente se encontró con unas largas escaleras de caracol cubiertas con una alfombra de terciopelo rojo. Mientras la subía, miró los pequeños cuadros que habían colgados en la pared. Todos mostraban paisajes nocturnos, días lluviosos y hasta la muerte misma expresada de una forma más metafórica que directa.  Las escaleras daban a un ancho pasillo cuyo piso seguía teniendo la alfombra roja pero las paredes estaban tapizadas con terciopelo morado oscuro. A un lado del pasillo había una puerta de madera clara finamente decorada con los espirales al igual que todas las puertas de las demás salas. Al entrar, se halló en una amplia biblioteca llena de estanterías con centenares de libros de todos los tamaños, grosores y colores. En el fondo había un escritorio donde reposaban una pila de hojas blancas desorganizadas, un frasco de vidrio lleno de tinta negra y una pluma también negra. La silla era del mismo color y material que la mesa sino que su espaldar estaba revestido  de terciopelo rojo. Continuó acercándose lentamente hacia los estantes leyendo los lomos de los libros dándose cuenta de que casi todos los textos allí presentes contenían temas góticos y oscuros.
Finalmente le llamó la atención un libro color negro de poesías. Se sentó en la silla frente al escritorio y empezó a leer tan antiguo texto. Mientras leía cada uno de aquellos oscuros versos, se acordó por un instante de su juventud donde pasaba horas y tardes enteras, encerrado en su habitación escribiendo los versos más hermosos. Se entretuvo leyendo esas poesías que lo transportaron a años que pensó jamás iba volver a recordar y antes de que se diera cuenta, la noche ya había caído.
Salió de la biblioteca y bajó las escaleras. Seguramente habría muchas más de éstas y muchos más salones, pero ya no tenía tiempo para recorrerlas todas. Antes de que llegara a la sala principal se encendieron por sí mismas todas las velas de los candelabros y la puerta se abrió. Erik dio unos pasos lentamente hasta que el hombre entró, efectivamente, acompañado de otro y una mujer.
-Señor Jügerhof. Es un honor conocerlo. Soy Damen Bayeux.-dijo él con una discreta sonrisa acercándose a Erik y estrechando su mano.
-El honor es mío, señor Bayeux.-respondió Erik.
En el momento en que tuvo contacto con la fría piel de Damen, sintió que aquellas eran personas diferentes. No solo por su inigualable belleza, juventud y la impresionante profundidad de sus ojos negros líquidos; sino por la energía y el aura que desprendían de su ser, las cuales Erik pudo percibir fácilmente.
-Él va a ser su compañero. Su nombre es John van Luthenberg y ha venido desde Italia.-dijo Damen.
John desde su lugar, no dijo nada sino que simplemente hizo una pequeña venia en el momento en que Damen lo introdujo y Erik devolvió el gesto. A diferencia de Damen, John no desprendía esa energía tan escalofriante. Esperó a que le presentara la mujer, pero ella ya había desaparecido.
-Supongo que ambos están cansados por el extenso viaje. Vengan conmigo, les mostraré sus respectivas habitaciones.
Damen no alcanzó a dar un paso, cuando Erik habló.
-Pero señor, me gustaría primero saber para qué me necesita y cómo hizo para contactarme.
-No se preocupe por eso, Jügerhof. Mañana hablaremos de eso.-respondió Damen pasando a su lado. De nuevo Erik pudo sentir la extraña energía, incluso pudo apreciar algo de benevolencia y poder. Supo que era un hombre fuera de lo común.
John no dijo nada ni hizo gesto alguno, solo siguió a Damen con sus brazos detrás de su espalda y Erik tuvo que hacer lo mismo. Subieron unas escaleras negras rectas y en la pared de estas había colgado un pequeño y elegante espejo. Cuando Damen pasó en frente de éste, no se reflejó mientras que John y él; naturalmente, sí se reflejaron. No supo qué pensar al respecto y de un momento a otro se puso nervioso. Cada paso que daba era tembloroso y sus manos empezaron a sudar pero miraba a Damen como si lo quisiera inspeccionar. Sin embargo, se convenció de que Damen pudo sentir su miedo al ver la sonrisa satisfecha en su rostro. Pero, ¿Cómo ese tal John no sentía nada ni se daba cuenta de nada? Juzgó, para sus adentros, que John era un hombre indiferente e insensible.
-El señor Jügerhof se va a quedar en esta habitación y el señor Luthenberg en la siguiente.- dijo Damen señalando las dos puertas del pasillo que habían llegado, similar al que Erik estuvo antes. – Espero que pasen una buena noche.-dijo finalmente y se fue.
Erik esperó por unos segundos a que John dijera algo, pero él entró de inmediato a su habitación y cerró la puerta con seguro. Ahí pudo concluir lo que había pensado sobre él y también entró a su habitación.
Era un lugar amplio. Las paredes eran rojas oscuras, la cama era grande hecha de metal negro y a cada lado había una pequeña mesa de madera con un candelabro de una sola vela en cada una de ellas. Había una gran ventana que le daba una muy buena vista de la ciudad y una pequeña mesa en frente de la cama cubierta con un mantel blanco.
Erik hizo como si estuviera en su propia casa. Se acercó a la ventana y la abrió. Dejó que el frío aire nocturno de Versalles bañara su rostro así como dejaba que lo hiciera el aire de Berlín. Contempló el maravilloso panorama que aquella altura le ofrecía y recordó el cuadro de la ciudad que estaba en la sala. Todo era tan parecido, tan perfecto. La única diferencia era que no estaban los ojos azules que, al acordarse de su penetrante mirada, se le heló la sangre en las venas. ¿Por qué tenía ese sentimiento ante ello, si solo es un dibujo? No lo sabía, pero tampoco quería pensar sobre eso. Prefirió alejarse de la ventana y se acostó en la cama. Espontáneamente miró a la mesa que estaba a su izquierda y notó que encima había un pequeño retrato. El marco estaba hecho de plata y contenía una espléndida pintura de un hombre joven, cabello largo y rubio, ojos azules y un semblante serio y autoritario. En la parte inferior estaban escritas muy pequeñas las letras A.V.L, seguramente las iniciales de aquel hombre. Sin saber por qué, al ver aquel retrato se acordó de su padre, que estaba muerto al igual que su madre. Las facciones de la cara del desconocido eran muy similares a las de su él así como su mirada. Erik nunca había tenido una buena relación con su progenitor pero en ese instante recordó los pocos momentos de felicidad que había tenido con él antes de que muriera.
Dejó el retrato donde estaba y se dio cuenta de algo: varias de las cosas que habían dentro del castillo, le hacían recordar algunos momentos de su juventud.
¿Coincidencia? No lo creo.
La vida de Erik, hasta el momento, había sido algo deprimente y jamás le hubiera gustado recordar instantes que lo indujeran a aquel sentimiento. Pero había algo en ese castillo que lo hacía recodar aquellos grises días…
De repente, una melodía en violín empezó a sonar desde la  habitación contigua, donde estaba John. Otra vez, más recuerdos para Erik. Se acordó de que él también sabía tocar el violín, su difunta madre le había enseñado. Recordó el día que, a una corta edad; tocó una compleja melodía para el rey de Alemania y gracias a su talento; el súbdito le ayudó a debutar en algunos teatros pero la gloria no duró mucho cuando su padre lo hizo retirar del mundo de la música para hacer realidad los sueños de él mismo: ser partícipe del ejército del rey y de todos los que tenga el país mientras la vida de Erik durara. Pero eso no sucedió. Quizá fue un acto cruel, pero aprovechó la muerte de su padre para alejarse de aquel oficio.
La melodía de John era algo siniestra. Parecía que él también tenía oscuros sentimientos los cuales dejaba salir a flote por medio de cada nota articulada en el violín. Era un gran método que Erik utilizaba cuanto tocaba su música, y para John también lo era. El sonido entraba profundamente en sus oídos recordándole algo que su padre le recalcó siempre: “naciste solo y morirás solo”. No es que su padre lo odiaba, sino que era estricto y para él la vida no tenía ningún sentido si se trataba de confiar en los demás. Pero Erik jamás pensó así. Ahora estaba en Francia, tratando de reorganizar su vida y darle un nuevo rumbo luego de tantos días borrosos, extraños y luctuosos.
Mientras se dejaba llevar por la música, volvió a mirar el pequeño retrato. Lo observó con profundidad y se concentró en los ojos. De pronto, vio los ojos azules del cuadro de Versalles en el retrato del desconocido y el miedo volvió a encerrarlo entre sus garras. Sintió mareo y cerró los ojos, se incorporó sin abrirlos tratando que el aire frío lo calmara y cuando logró que su cuerpo encontrara un poco de serenidad, los volvió a abrir y lo que vio hizo que su corazón saltara.
En el marco de la ventana había una extraña sombra negra, una bruma que con ayuda del aire fue tomando forma de un hombre acurrucado en dicho lugar y después, los ojos azules se dibujaron en el rostro de la silueta. Erik quedó petrificado. No podía moverse, su respiración estaba ahogada y su corazón latía con tal fuerza que parecía que iba explotar en su pecho. De repente, la sombra se movió por toda la habitación en cuestión de segundos y entró por el pecho de Erik quedando él desmayado sobre su cama. Lo último que escuchó, fue la sombría música de John.
-Señor Jügerhof, ¿se encuentra bien?-preguntó una voz masculina.
Erik abrió sus ojos poco a poco. No pudo identificar quien estaba a su lado puesto que su visión estaba borrosa.
-Sí, estoy bien.-respondió con un hilo de voz.
-Le traje un poco de té. Espero que le ayude.
Parpadeó unas veces con rapidez y, para su sorpresa, el que estaba con él era John.
-Gracias.-Erik recibió la taza y tomó un poco. El líquido caliente dentro de su gélido cuerpo hizo que la piel se le erizara.
Estaba acostado en su cama, bajo las cobijas. Ya había amanecido y la luz brillante y cálida del sol entraba por la ventana. John estaba sentado en una silla al lado de la cama.
-¿Qué me pasó?-preguntó Erik.
-Damen lo encontró desmayado en la madrugada y me pidió que estuviera pendiente de usted. No se preocupe, no fue nada grave. Ahora que recuerdo, mandó Damen a decir que lo sentía mucho.
Erik tomó otro poco de té.
-Anoche entró una sombra en mi cuerpo. ¿Tiene eso algún significado?
-¿Una sombra? ¿No está delirando, señor Jügerhof?
-No. Solo recuerdo eso. Estoy seguro de que eso pasó.
Notó que en la expresión facial de John había algo de lástima y así pudo encontrar la respuesta. Sí hay un significado y John lo sabía.
-No, no lo sé. Suena algo… extraño.
Antes de que Erik pudiera responder, la cortina de la ventana se cerró con fuerza y se encendieron las velas de los candelabros. Y en ese momento entró Damen.
-¿Cómo se siente, señor Jügerhof?-preguntó Damen con toda naturalidad, como si supiera de qué se trataba todo.
-Estoy un poco aturdido. No estoy seguro de lo que pasó.
Damen se acercó al lecho de Erik.
-Parece que su trabajo va tener que esperar un poco. Se ve muy mal y no podrá trabajar en esas condiciones.
-¿Usted sabe qué me pasó?
-Por supuesto que lo sé. Pero de eso hablaremos después, ahora descanse. Venga conmigo, señor Luthenberg. Usted sí puede empezar.
John se levantó y salió de la habitación con Damen. Luego, la cortina se abrió y las velas se apagaron y la habitación volvió a la normalidad.
Llegada la tarde, pudo encontrarse de nuevo con la calma. Salió de su habitación y se dirigió a la biblioteca dispuesto a hundirse de nuevo en los versos que tanto le habían gustado. Antes de abrir la puerta escuchó una voz femenina que provenía desde adentro.
-Dulce fragancia de sangre.
Nunca había escuchado una frase tan rara y aterradora. Aunque dudó, entró. En la silla en frente del escritorio estaba sentada la mujer que había estado acompañando a Damen la noche anterior. Indudablemente era hermosa. Su cabello era largo, negro y rizado, su tez era muy blanca, sus ojos verdes como esmeraldas y llevaba puesto un vestido rojo. Ella lo observó con una sonrisa y sostenía una copa de vino en una mano.
-Bienvenido, señor Jügerhof.-dijo ella. Su voz era fascinante.-Soy Isabella, hermana de Damen. Siento mucho no haberme presentado anoche, tenía cosas que hacer.
-Descuide, señorita Isabella. Es un gusto conocerla.
-Supe que anoche tuvo un pequeño incidente… parece que los planes de Damen van a tener que esperar.
-¿Por qué lo dice? ¿Qué planes?
-Sólo espere. Usted haga caso a todo lo que Damen le pida. El tiempo le dirá qué va suceder.
En ese momento tuvo otro recuerdo: su madre. Ella tenía la costumbre de mantener en secreto las cosas venideras por más mínimas que sean, siempre hizo así con Erik y al final él se llevaba grandes sorpresas. La relación que tenía con su madre era buena y confiable aunque no muy estrecha.
Isabella suspiró y dibujó una pequeña sonrisa en sus labios. Erik tuvo la sensación de que ella había leído su pensamiento. Así que quiso confirmarlo.
¿Qué debo hacer para sacar de mi cuerpo la sombra que anoche entró en mí?
-Ya verá, señor Jügerhof. Tenga paciencia. De ahora en adelante van a pasar cosas tan difusas que querrá irse a casa, pero usted ya no puede escapar. Usted no se encuentra en un lugar tan común.-respondió ella. Efectivamente leía los pensamientos de Erik.
Isabella respiró profundo, como si estuviera olfateando el aroma más sublime.
-¿No se ha fijado en lo exquisitos que son los vidrios de las copas?-prosiguió ella.-Me parece que es el instrumento más fino que hay. ¿Pero qué hay del vino? Es la bebida más excelsa que puede haber.
Erik no supo a qué se refería con eso, ciertamente estaba nervioso y podría decirse que tenía miedo. Trató de no pensar nada sino responder cualquier cosa con tal de que ella dejara de escudriñar su mente.
-Estoy de acuerdo, señorita. No hay nada como el vino francés.
-El alemán también es muy bueno. Y en su interior se encuentra el más exquisito vino alemán.-Isabella dejó la copa sobre la mesa.-Señor Jügerhof, disculpe que le diga esto pero; no me interesa el vidrio de su cuerpo, sino el vino de su sangre.
-¿Qué?-Erik estaba sorprendido con lo que acababa de escuchar.
Se levantó de la silla y se acercó al rostro de Erik poniendo una mano sobre su hombro.
-Será mejor que se cuide y esté atento de ahora en adelante. En este castillo nada es lo que parece ser y en Versalles tampoco. Le advierto: usted va a experimentar un gran cambio en su vida. Para eso usted ha venido. -dijo ella en voz baja. Lo miró a los ojos por un instante y luego salió de la biblioteca.
Erik salió tras ella pero ya había desaparecido, de nuevo.
Se dirigió a la sala principal esperando verla en el trayecto para pedirle una explicación, pero solo se encontró de nuevo con John. Estaba mirando a través de la ventana el día que se había oscurecido por grandes y depresivas nubes negras colgadas del cielo. John sintió la presencia de Erik.
-Señor Jügerhof, parece que ya se encuentra bien.-dijo Luthenberg sin volverse, mirándolo a través de su reflejo en la ventana.
-Sí, ya logré calmarme un poco. Quería preguntarle algo. ¿Conoce usted a la señorita Isabella?-habló Erik detrás de John manteniendo la distancia.
-Claro. Es la hermana de Damen. ¿Por qué?
-Acabo de hablar con ella y debo decir que me dejó con demasiadas dudas. ¿No ha hablado con ella?
-Sí, anoche.
-¿Y no le mencionó algo sobre el vidrio de las copas y los vinos?
Al escuchar aquella pregunta, John se volvió a Erik.
-No, no lo creo. Pero, ¿Damen no le ha dicho todavía a qué tenía que venir?
-No. ¿Usted ya lo sabe?
-Sí. Ya comprendí cual era mi verdadero propósito.
Erik esperó a que se lo dijera, pero solo obtuvo silencio.
-Y bien, ¿cuál es?
-Creo que usted tendrá que esperar.
-¿Por qué? ¿Cuál es la razón por la que me lo ocultan?
John suspiró. Quizá no debería decirlo.
-Señor Jügerhof, su trabajo va ser muy diferente al mío. El suyo es complejo y Damen tiene que pensarlo muy bien.
-¿Y usted qué tiene que hacer?
-Ayudarlo. Parte de mi trabajo ya lo cumplí. Anoche lo hice. Anoche, mi vida cambió pour toujours.
-¿Pero qué sucedió? ¿Qué le ha pasado?
-En su debido momento lo sabrá. Le prometí a Damen que no diría nada, pero ahora lo he hecho…
Erik suspiró y permaneció en silencio un rato. Se sentó en el sofá y desde ahí contemplo el cuadro de Versalles y se acordó del pequeño retrato que había en su habitación.
-¿Sabe usted de quién es el retrato que está en mi cuarto?
-Sí. Es mi hermano. Las letras A.V.L son las iniciales de su nombre: Alexander van Luthenberg.
-¿Qué hay de él?
-Murió hace unos… cien años.
-¿Cien años? ¿Y cómo es que usted está vivo?
-Mi vida es diferente, Erik. No soy un hombre común y corriente.
Se dio cuenta de que ahora John expulsaba la misma energía misteriosa que Damen e Isabella. Se dio cuenta también de que su aspecto había cambiado un poco. Se veía más pálido y sus ojos se habían aclarado. Ahora eran verdes… como los de Isabella.
-Tengo la impresión de que no estoy viviendo con humanos.-dijo Erik.
-Eso es absurdo. ¿Por qué lo dice?-preguntó John con una sonrisa.
-Las únicas dos personas que viven aquí…
-Está equivocado.-lo interrumpió John.-En este castillo viven cientos de personas.
-¿Y en dónde están?
-No lo sé. Pero anoche lo comprobé.
-Anoche sucedieron muchas cosas, ¿cómo es que no sé nada?
John no respondió.
-¿Quién le enseñó a tocar el violín?-volvió a preguntar Erik acordándose de la amarga melodía que había escuchado la noche anterior.
-Aprendí solo.
-Creo que compartimos un talento.
Antes de que John pudiera responder algo, escucharon un agudo grito femenino proveniente de la sala contigua. Ambos se dirigieron allí a toda prisa.
John llegó primero y, con lo que vio; decidió no dejar ver lo que pasaba a Erik.
-¿Qué sucede?-preguntó él a manera de susurro.
-Aléjese de aquí-respondió John de la misma forma.
-¡Claro que no! usted no me da órdenes-dijo Erik y, a la fuerza; asomó solo sus ojos y quedó inmóvil con lo que éstos le mostraron.
Damen estaba en el centro de la sala y a sus pies, el cadáver de una jovencita con el cuello totalmente herido. Y en la boca de Damen una amplia sonrisa de satisfacción con dos afilados colmillos llenos de sangre al igual que sus labios.

ef

martes, 1 de enero de 2013

Día 7, Prólogo

Comenzamos con Reminiscencias!! Pero primero debo pedirles el favor de que no tomen ningún capítulo ni ningún fragmento sin autorización. Recuerden que esto me tomó tiempo, trabajo y esfuerzo como para que los publiquen en algún otro lado como si nada. Si quieren hacerlo, por favor contáctenme a través de Facebook. Gracias!!

Prologo

-¿Q
ué le parece, Jügerhof? ¿Ha sido de su agrado?-preguntó Damen después de ver a Erik degustando tan sabroso líquido de la fina copa de vidrio.
-Por supuesto. Jamás creí que en Berlín iba a existir algo tan maravilloso como esto.-respondió Erik con una sonrisa después de haber pasado el sorbo que bajó por su garganta sintiéndolo como fuego.
-Entonces, dese el gusto de embriagarse, Jügerhof.
Erik se levantó del sofá y salió de su castillo. Caminó en las calles de la nocturna Berlín cuyos deambulantes lo miraban unos con extrañeza y otros totalmente embelesados por su belleza y misterio. A lo lejos, cerca de un callejón, divisó una joven y hermosa mujer y se acercó a ella sin levantar ninguna sospecha. Ella caminó directo al callejón y Erik la tomó por la cintura. La mujer se sobresaltó pero no se inmutó al quedar hipnotizada con la divinidad del rostro de él y su sonrisa en los labios.
La llevó hasta el fondo, a la parte más oscura y hundió su cara entre el cuello y el hombro de la mujer. La sedujo hasta que ella había quedado totalmente encantada y él mordió ahí; justo en la yugular. La joven, en medio de su éxtasis, no sentía dolor pero era consciente de que estaba muriendo poco a poco. Aun así no se separó de los brazos de Erik, hasta que quedó completamente vacía y seca.
Otra vez, aquel preciado líquido carmesí corría por sus venas y todo su cuerpo haciendo que deseara aún más. La mujer había quedado tendida en el suelo, muerta pero fascinada por aquella belleza inigualable; como una sublime rosa que de repente hace una profunda herida con sus espinas y crea el dolor más hermoso.
Así como lo había hecho, continuó arrancándole la  vida a toda doncella que sus ojos le mostraran. Ninguna se rehusaba a ir con él a los lugares más oscuros y recónditos de las casas y edificios, tampoco se rehusaban a darle sus vidas. Erik disfrutaba cada mordida, cada gota entrando en su boca; disfrutaba obtener la inmortalidad a base de un amor falso y corto que se quemaba cuando la blut bañaba su interior. Fueron las horas noctámbulas más perfectas que había tenido.
Sintió que la noche fue muy corta y tuvo que regresar al castillo prometiéndose que en la noche siguiente haría lo mismo, pero ciertamente muy satisfecho. Cuando llegó, se dirigió a su habitación y contempló la ciudad antes de que el sol empezara a asomarse. Era una ciudad muy grande que con el tiempo crecería secretamente a sus pies sin que sus habitantes supieran que había alguien quien podía manejar muy fácilmente el lapso de tiempo de cada una de sus vidas.
Hacía ya una semana que se había unido a ellos y que lo habían convertido en la cabeza principal del clan alemán. Recostado en su cama pensó en lo que la eternidad le traería y que el cambio no fue tan malo como pensaba. No se arrepintió de nada, al contrario, le agradeció a su alma y al destino pero haberle permitido abandonar su esencia humana e imperfecta para poder adoptar una naturaleza oscura, inmortal y perfecta.
La noche siguiente salió con su eterna amante Caroline. Caminaron tomados de la mano por el centro de Berlín, un lugar lleno de grandes edificios, casas, carruajes y personas que, de nuevo, se quedaban mirándolos hechizados por su negro misticismo.
-Finalmente logramos estar juntos sin que nada ni nadie nos detenga.-dijo Caroline con una pequeña sonrisa labial.
-Todos los esfuerzos que hicimos y todo el derramamiento de sangre que hubo no fue en vano. El destino sí tenía preparado algo para nosotros.
Entonces comenzaron la cacería con el corazón sediento que les latía a toda prisa. Poco a poco fueron seduciendo sus jóvenes victimas hasta que los llevaban a un lugar lejos de los demás, y mordían el cuello o las muñecas alimentándose del elixir que los complacía deseando aún más. Así pasaron aquella noche comprando inmortalidad muy fácilmente por medio de las vidas ilusorias y simples de los mortales, adquiriendo más vigor para ellos acabando con aquellos que habían muerto enamorados y llenos de planes para un futuro que jamás les llegará.
Faltaban pocas horas para el amanecer así que regresaron al castillo. Caroline entró pero Erik quiso quedarse un rato en el jardín aspirando los últimos hálitos que quedaban de esa agitada y lúgubre noche hasta que lo sobresaltó una voz femenina que jamás pensó iba volver a escuchar.
-Felicidades, señor Jügerhof. Lleva una semana sin pensar en suicidarse. Me complace que por fin pueda estar con su amada Caroline.-dijo Agatha con sorna saliendo entre los árboles del jardín caminando hacia él.
Agatha se veía real, como de carne y hueso; pero Erik no sabía si en realidad se trataba de un cuerpo vivo o de un espíritu. Sea lo que sea, tuvo que decir algo olvidando todo su asombro.
-Gracias, señorita Agatha. Tenía un mal concepto de esta vida pero debo admitir que es mucho mejor que la anterior.-respondió de la misma manera pero añadiendo elegancia.
-Veo que hasta ahora usted cree que vive en un mundo lleno de rosas y sangre. Eso es bueno pero tiene que aprender a manejar la Eternidad. Quién sabe cuántas personas pueden atravesarse en su perfecto camino para arruinarlo.
-Eso lo sé muy bien. Sé que hay muchos sujetos que intentarán hacerme caer, pero eso no pasará.-dijo con una pequeña sonrisa labial.
-Muy bien. Me agrada que tenga tanta confianza de su propio poder. Eso le da autorización de beber el mejor vino en las copas más finas. Pero, ¿recuerda lo que alguien le dijo hace mucho tiempo? Que a esa mujer no le interesaba el vidrio, lo superficial; sino el vino, lo más profundo. Y estoy de acuerdo con ella.-Agatha se acercó lo más que pudo al rostro de Erik.
-Coincido perfectamente con usted. También me gusta buscar el vino, lo insondable de las personas independientemente de quien se trate.-habló Erik con una seducción que hizo que ella sintiera más odio por él.
Pero Agatha sonrió, percibiendo su energía.
-Buena suerte, Jügerhof. Espero que dentro de algunos años no se arrepienta de su decisión. Estas son las que lo conducirán a los lugares que menos imagina, así que tenga cuidado con lo que dice y hace.-dijo finalmente y volvió a desaparecer en los árboles del jardín.
Erik, pensativo, entró al castillo y luego se dirigió a su ya oscura habitación donde yacía Caroline en la cama durmiendo plácidamente, tan hermosa como siempre. Se acomodó a su lado, abrazándola. Nada ni nadie los iba a separar ni tampoco demolería su eternidad. Él se había convertido en uno de los vampiros más poderosos gracias al fino vino de la sangre contenido en las más bellas copas de vidrio de los jóvenes cuerpos que la portaban y al gran amor que lo ataba fuertemente a Caroline.
La alquimia de estos ingredientes creaba a un vampiro eficaz e invencible, capaz de gobernar no solo un clan sino todo el mundo. Erik Jügerhof era aquel vampiro cuya inmortalidad y poder no iban a ser destruidos jamás, pase lo que pase.

ef


lunes, 31 de diciembre de 2012

Día 6- Reminiscencias, Sinopsis

Hola! Como les había dicho hace unas entradas antes, empezaré a escribir la historia gótica. Se llamará "Reminiscencias". Aquí dejo la sinopsis, para que se vayan haciendo una idea de lo que tratará. Por cada entrada les publicaré un capítulo. Espero que les guste!!



Erik Jügerhof llega a Versalles con la esperanza de que su vida cambie por completo gracias a la propuesta de un nuevo trabajo por Damen Bayeux, propietario del castillo donde Erik se hospeda. Pero no sabe que él había sido escogido desde hace mucho tiempo, que hace parte del clan de descendientes de Damen y que él y todos los demás habitantes del castillo son vampiros. A partir de esa tarde empieza un viaje a través de su vida pasada y su incierto futuro con la ayuda de John y Caroline, dos personas que no tardan en hacer parte del oscuro clan francés. Como si fuera poco, uno de los vampiros más malvados; Jean Schweitzer, lo está buscando y persiguiendo mucho tiempo antes de que Erik naciera con el objetivo de matarlo y heredar la posición que Damen tenía guardada para Erik desde hace siglos. Ahora, el verdadero trabajo de Erik es acabar con Schweitzer que también tiene amenazadas a los otros tres clanes del mundo; y conseguir la inmortalidad gracias a la poderosa sangre y el infinito amor que creció entre Caroline y él. El destino del mundo vampírico yace en las manos de un simple mortal. 


jueves, 13 de diciembre de 2012

Día 5

Hola!! El pasado 5 de Diciembre la banda Visual Key, Matenrou Opera, lanzó un nuevo single llamado "Innovational Symphonia". Está compuesto de 4 canciones: Innovational Symphonia, Ano Hi No Mama No Sekaisen Ni Mukatte, Freesia y RUSH! Aquí, la banda maneja diferentes ritmos y cada canción tiene su propia atmósfera que hace que el CD sea pegajoso, genial y difícil de dejar de escuchar. Realmente es un gran trabajo de la banda japonesa. Lo que más mes gusta de Matenrou Opera, son las letras de sus canciones. Aquí dejaré la letra de la canción "Freesia" en español, que es la que más me ha gustado. (Créditos a: http://matenrouoperamexico.blogspot.mx/)

Freesia*
Letra: Sono. Música: Sono

Tu mejilla se colorea en un gesto inocente
Con pétalos blancos
Fascinado por tu mirada sincera
Se aclara con pétalos amarillos

Muéstrame que no conoces la impureza
Con pétalos rojo sangre
Aah, por supuesto que quiero ver ese cuerpo
Con pétalos púrpura

Además de mí, sólo nosotros dos
No necesito a nadie más...
Deseo ser acogido por este calor
Que no hace más sino aumentar

Es frustrante no poder saberlo
Un púrpura pálido...

Siempre te apoyaré, este amor es verdadero

Freesia, freesia
Ahora y en el futuro también
Freesia, freesia
Déjame decirles que te quiero proteger


Además de mí, sólo nosotros dos
No necesito a nadie más...
Siempre te apoyaré, este amor es verdadero


Freesia, freesia
Ahora y en el futuro también
Freesia, freesia
Déjame decirles que te quiero proteger

Freesia, freesia
Incluso si lo tienes todo, yo te haré florecer
Freesia, freesia
He sido engañado, pero no sólo con palabras suaves...

Freesia, freesia

*En Hanakotoba (lenguaje de las flores) significa "inocencia", "pureza", "un amor inquebrantable a pesar de los años"

Aquí pueden escuchar "Freesia"
Aquí pueden escuchar "RUSH!"
Aquí pueden escuchar "Ano Hi No Mama No Sekaisen Ni Mukatte"
Aquí pueden escuchar "Innovational Symphonia"

Espero que les guste!!




viernes, 7 de diciembre de 2012

Día 4

Hola!! Hoy vengo con una propuesta. Primero debo decirles que aparte de gustarme el "japanesque" también me gusta mucho lo gótico-vampírico. ¿Qué les parece si voy escribiendo una historia y ustedes me van dando ideas? Lo ideal es que hagamos una historia larga, buena, que contenga todas las características de la novela gótica. Me gustaría que dejaran comentarios para saber qué más quieren y qué tocaría corregir. Gracias por su apoyo!!

lunes, 3 de diciembre de 2012

Día 3

Hola!! Hace ya un par de días no volvía a postear, no me había quedado tiempo... Pero ahora aprovecho para hacerlo. Hace unos meses una banda japonesa llamada Matenrou Opera (摩天楼オペラ)que en español significa "La Ópera del Rascacielos"; lanzó un nuevo single llamado "GLORIA".  Esta canción me llamó mucho la atención puesto que la letra describe el deseo del cantante y de la banda en general de ver el mundo totalmente cambiado, "un nuevo mundo lleno de gloria, donde los dolores y sufrimientos quedarán atrás", tal y como lo dice la letra de la canción. Personalmente, pienso que todos algún día esperamos vivir en un mundo mejor (quizá esa es la gloria para ellos), o esperamos que todas las personas nos alaben y respeten esperando recibir la "gloria de las personas". ¿Ustedes esperan recibir la gloria de alguien más, o quieren ver el mundo lleno de gloria? Aquí les dejo el video, piénsenlo ustedes mismos...
Matenrou Opera-Gloria